Los consejos de mi madre.
Hay conocimientos que aprendemos en los libros, en la universidad o a través de la experiencia profesional. Y hay otros que se construyen poco a poco en la vida cotidiana, a través de los años, de las dificultades superadas y de las relaciones que nos construyen.
Llevo toda la vida trabajando en el ámbito de la gerontología, el envejecimiento y los cuidados. He conocido a miles de personas mayores y he aprendido mucho de ellas. Sin embargo, mi gran maestra sigue siendo mi propia madre.
A sus casi 95 años continúa enseñándome cosas que ningún manual recoge del todo: cómo afrontar los problemas con serenidad, cómo seguir adelante sin querer nunca el mal para nadie, cómo adaptarse a los cambios o cómo seguir encontrando motivos para disfrutar de cada día.
Una aventura compartida entre mi madre y yo
Este proyecto es muy personal.
Los consejos de mi madre nacen de una relación muy estrecha, de muchas conversaciones sobre cuestiones que acompañan a la vida en la madurez y del deseo de abrir una pequeña ventana a nuestro micromundo cotidiano.
Mi madre cumplirá 95 años en agosto. Yo siempre he trabajado con personas mayores. Y, sin embargo, sigo sorprendiéndome y aprendiendo cada día con ella.
Me admira su capacidad para seguir superándose, su resiliencia ante las dificultades o las limitaciones, la serenidad con la que afronta muchos problemas cotidianos y el enorme esfuerzo que realiza para continuar adaptándose y manteniendo el interés por lo que ocurre a su alrededor.
Con frecuencia hablamos de envejecimiento activo, bienestar o calidad de vida desde perspectivas profesionales. Pero no olvidemos que detrás de todos esos conceptos hay también sabiduría, valores, esfuerzo, coherencia personal y sentido de vida.
Ella siempre ha sido una persona más bien tímida. Al principio no estaba demasiado convencida de compartir aspectos de su vida más personal. La idea de grabarse y aparecer en vídeos le producía cierta vergüenza. Pero poco a poco ha ido encontrándole el gusto a esta aventura y, sobre todo, ha encontrado una razón para que merezca la pena hacerlo.
Como ella misma dice: «Si esto puede ayudar a otras personas, lo hacemos».
Eso es, lo que nos mueve a las dos.
Por qué decidimos compartir cosas de su día a día
Ni mi madre ni yo pretendemos ofrecer recetas universales ni soluciones válidas para todo el mundo.
Simplemente comparte algunas de las cosas que a ella le ayudan a vivir de acuerdo con sus valores y a afrontar la vida lo mejor posible. Pequeñas experiencias, reflexiones o aprendizajes cotidianos construidos en esta etapa de su vida.
Si alguna de ellas sirve para acompañar, inspirar o ayudar a alguien, el proyecto habrá cumplido su propósito.
Lo que mi madre me sigue enseñando sobre la vida
Como gerontóloga, sé que el bienestar depende de muchos factores: la salud, las relaciones, los afectos, la capacidad de decisión, la participación social, la autonomía, el entorno, la coherencia personal y el sentido de vida.
Como hija, compruebo cada día que detrás de las teorías y los modelos existen historias concretas y personas únicas que han de afrontar cada etapa de su vida con los recursos y apoyos de los que disponen.
Para mí, este proyecto une mi vivencia como hija y mi conocimiento profesional. Me permite seguir aprendiendo de ella, disfrutar del tiempo que compartimos y continuar construyendo juntas una vida con sentido.
Para mí, esta iniciativa habla de generosidad, humildad, gratitud y compromiso. Habla de envejecimiento, pero también de la capacidad de seguir compartiendo, disfrutando y encontrando sentido a la vida.


