Hoy toca celebrar la vida… a mis 95 años. Los consejos de mi madre | Ep. 1

Magdalena, de 95 años, durante una visita cultural en el episodio «Hoy toca celebrar la vida» de Los consejos de mi madre.

Hoy mi madre cumple 95 años.

Y cuando le pregunto cómo quiere celebrarlo, su respuesta vuelve a recordarme algo que a veces olvidamos cuando hablamos de envejecimiento: cumplir muchos años no significa dejar de tener ganas, preferencias, curiosidad ni deseos de seguir formando parte de la vida.

Este primer episodio de Los consejos de mi madre nace precisamente de ahí: de observar esas pequeñas escenas cotidianas que, sin pretender dar lecciones, nos ayudan a pensar sobre cómo queremos vivir y envejecer.

Celebrar también es seguir participando en la vida

A los 95 años, mi madre continúa interesándose por lo que sucede a su alrededor. Le gusta salir, encontrarse con otras personas, conocer lugares, disfrutar de una celebración y compartirla con quienes quiere.

Puede parecer algo sencillo. Y lo es. Pero precisamente por eso me parece importante.

Porque a veces asociamos el envejecimiento —y especialmente la gran longevidad— con una vida que progresivamente se hace más pequeña: menos actividades, menos decisiones, menos relaciones, menos oportunidades.

Sin embargo, seguir viviendo bien también significa seguir teniendo motivos para levantarse, cosas que esperar, personas con las que compartir y oportunidades para participar.

Mujer de 95 años durante una visita cultural. Episodio 1 de Los consejos de mi madre sobre envejecimiento activo.Si deseas ver el vídeo, pulsa sobre la imagen.

Lo importante no es hacer mucho, sino que lo que hacemos tenga sentido

En gerontología hablamos con frecuencia de envejecimiento activo. Pero estar activo no debería significar llenar la agenda de actividades ni mantenernos permanentemente ocupados.

Lo verdaderamente importante es poder continuar haciendo aquello que nos interesa, nos vincula con otras personas, nos proporciona disfrute o nos hace sentir que seguimos formando parte de la vida.

Para una persona puede ser salir a caminar. Para otra, continuar aprendiendo. Para otra, cuidar unas plantas, encontrarse con sus amistades, cocinar para su familia, participar en una asociación, escuchar música o simplemente disfrutar de una conversación.

No hay una única manera de envejecer bien.

Lo importante es que cada persona pueda seguir encontrando su propia manera.

Seguir teniendo un lugar en la vida

Hay algo que me parece especialmente importante en esta etapa de la vida: sentir que seguimos perteneciendo.

Pertenecer a una familia, a un grupo de amistades, a un barrio, a un pueblo, a una comunidad. Sentir que los demás cuentan con nosotros y que seguimos teniendo un lugar.

Por eso, cuando acompañamos a personas muy mayores, no deberíamos preguntarnos únicamente qué necesitan o qué dificultades tienen.

También podemos preguntarnos:

¿Qué les sigue interesando?
¿Qué esperan con ilusión?
¿Con quién desean estar?
¿Qué les hace sentirse parte de la vida?

Estas preguntas cambian nuestra mirada. Nos ayudan a pasar de pensar únicamente en necesidades y limitaciones a descubrir también deseos, capacidades, vínculos, oportunidades y proyectos.

La calidad de vida se construye en lo cotidiano

La calidad de vida no se juega solamente en las grandes decisiones.

También se construye en esas pequeñas cosas que permiten que una persona continúe viviendo de acuerdo con lo que valora: poder elegir, participar, relacionarse, disfrutar, aprender, sentirse querida y encontrar sentido a lo que hace.

Por eso me interesa tanto observar estas escenas cotidianas.

No porque mi madre represente una determinada manera de envejecer ni porque todas las personas deban hacer lo mismo que ella. Todo lo contrario.

Cada persona envejece desde su propia historia, sus circunstancias, sus capacidades, sus deseos y su manera de entender una vida buena.

Y precisamente ahí está una de las claves de una mirada centrada en la persona: no decidir de antemano cómo debería vivir alguien por tener una determinada edad, sino conocer qué es importante para esa persona y buscar los apoyos que le permitan seguir viviendo de acuerdo con ello.

Una idea que queda

Este primer consejo de mi madre me deja una idea muy sencilla:

Cumplir años no debería significar ir despidiéndonos de la vida, sino poder seguir encontrando nuestra propia manera de formar parte de ella.

Y quizá también dos preguntas:

¿Qué cosas hacen que hoy sintamos que nuestra vida merece la pena?

¿Estamos ayudando a las personas mayores que nos rodean a conservar esas cosas que siguen siendo importantes para ellas?

Para seguir profundizando

Esta pequeña historia conecta con varias ideas que desarrollo en otros contenidos de esta web.

Si quieres profundizar en qué significa realmente vivir bien, puedes leer ¿Qué es la calidad de vida? Vivir de acuerdo con lo que valoramos.

También puedes conocer mi Modelo de los 5 bienestares, desde el que propongo comprender el bienestar físico, psicológico, social, afectivo y espiritual como dimensiones relacionadas de una misma vida.

La importancia de seguir participando, manteniendo vínculos y sintiéndonos parte de la comunidad la desarrollo especialmente en Bienestar social: cómo participo y formo parte de la comunidad y en Seguir teniendo un lugar en la vida.

Y si quieres profundizar en la importancia de la identidad, las preferencias y las decisiones personales, puedes leer Quién es la persona y cómo desea vivir: identidad, autonomía y proyecto de vida.

Seguir explorando «Los consejos de mi madre»

Puedes conocer todos los episodios de Los consejos de mi madre, una colección nacida de pequeñas escenas de la vida cotidiana que me ayudan a reflexionar sobre envejecimiento, bienestar y calidad de vida.

 

Y si estas reflexiones conectan con los retos de tu organización, puedes conocer mi trabajo y mis áreas de intervención profesional.

Y si quieres contactar conmigo, aquí puedes encontrarme.

 

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