Tiene 95 años: ¿sabes cuándo empezó realmente a leer? | Los consejos de mi madre – Ep. 6

Mujer de 95 años leyendo un libro en su casa

Mi madre tiene 95 años y lee muchísimo.

Si alguien la ve ahora con un libro entre las manos, podría pensar que ha sido una gran lectora durante toda su vida.

Pero no.

Un día, se lo pregunté. Y su respuesta me recordó algo que a veces olvidamos: lo que vemos hoy de una persona solo nos cuenta una pequeña parte de esa persona.

«Antes no tenía tiempo»

Mi madre empezó realmente a leer cuando se jubiló, hace ya unos treinta años.

Antes, sencillamente, dice que no tenía tiempo.

Su vida estaba ocupada por el trabajo, la familia, las responsabilidades y otros ritmos. La lectura llegó después, cuando tuvo tiempo para algo que hasta entonces apenas había formado parte de su vida.

Me gusta esta historia porque rompe una idea que a veces tenemos sobre el envejecimiento: que, llegados a determinada edad, nuestros gustos, costumbres y formas de vivir ya están hechos.

Pero envejecer también puede significar empezar.

Empezar a leer. Aprender a utilizar una tecnología. Descubrir una afición. Retomar algo que habíamos dejado. Conocer nuevas personas, establecer nuevas relaciones o encontrar tiempo para aquello para lo que antes nunca lo tuvimos.

Detrás de una mujer de 95 años hay muchas mujeres

Cuando miramos a una mujer mayor, a veces parece que su edad ocupara todo el espacio. Vemos a «una señora mayor» y nos cuesta imaginar todas las mujeres que ha sido y que siguen formando parte de quien es hoy.

En mi madre está la mujer de 95 años que tengo delante. Pero también aquella joven cantarina y divertida; la novia enamorada; la que estudiaba para aprobar una oposición; la mujer trabajadora; la madre con hijos pequeños; la esposa y, después, la viuda; la mujer que tuvo que tomar decisiones y defender su independencia frente a familiares, padres o suegros.

Y entonces pienso: si yo llegara a los 95 años, ¿me gustaría que quienes me miraran vieran solamente a la mujer mayor que tienen delante?

Creo que no. Me gustaría que sintieran interés por saber quién he sido y quién sigo siendo. Que fueran capaces de imaginarme joven, estudiando, trabajando, enamorándome, tomando decisiones, cuidando, disfrutando, equivocándome, atravesando momentos difíciles y desempeñando tantos papeles diferentes a lo largo de mi vida.

Porque ver a una persona no significa necesariamente comprenderla. A veces comprender requiere también imaginación: ser capaces de salir de la imagen que tenemos delante e imaginar a esa persona en otros momentos de su vida, con otras responsabilidades, deseos, relaciones y proyectos.

Quizá necesitamos una mirada más curiosa y creativa hacia las personas muy mayores. Una mirada que se pregunte: ¿quién habrá sido esta persona?, ¿qué habrá vivido?, ¿qué le habrá apasionado?, ¿qué habrá tenido que superar?, ¿qué facetas suyas no puedo ver ahora?

Me gustaría que no confundieran mi edad con toda mi identidad.

Y tampoco que pensaran que todo pertenece al pasado. Porque seguimos cambiando mientras vivimos. Mi madre no fue siempre lectora: se fue haciendo lectora con los años.

Una persona de 95 años tiene 95 años de vida detrás. Pero también sigue teniendo vida por delante.

Mujer de 95 años leyendo un libro en su casa

Ver el vídeo del Ep. 6 de «Los consejos de mi madre»

Escuchar antes de suponer

A veces miramos a alguien y completamos nosotros su historia. Pero, si puede contárnosla, ¿por qué no preguntarle y escucharla?

Yo conozco muy bien a mi madre y, sin embargo, todavía quedan cosas de ella que no sé. Y me gusta que siga siendo así.

Porque conocer a una persona no debería significar darla por conocida.

Los consejos de mi madre

Este es el episodio 6 de «Los consejos de mi madre», pequeñas conversaciones y escenas cotidianas con mi madre a sus 95 años que me invitan a observar, escuchar y pensar.

Esta vez empezamos hablando de algo tan sencillo como leer. Y, si tuviera que quedarme con un consejo, sería este:

Hay cosas para las que nunca es tarde. Incluso aquellas para las que antes, sencillamente, no tuvimos tiempo.

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