Yo elijo vivir así. Y tú, ¿Cómo eliges vivir?
Sin emociones no es posible ser un buen profesional. Lo siento, pero no. No, si no somos capaces de percibir y comprender las nuestras y las de los demás y de establecer relaciones emocionalmente positivas. Tampoco si no demostramos habilidades en el trato, sin saber controlar nuestros impulsos y sin auto-motivarnos en lo que hacemos. Todo conocimiento técnico-científico se ve ensombrecido si quienes lo aplicamos no desplegamos toda nuestra competencia emocional. Lo siento, pero sólo el conocimiento o las técnicas no sirven. Y ello a pesar de todas las veces que hemos escuchado que la profesionalidad exigía objetividad y distancia.
Pero si quiero aportar para que tú te sientas mejor necesito emplear mi sensibilidad emocional, este superpoder que nos permite percibir y comprender nuestras emociones y las ajenas. Ser empáticos nos permite actuar de modo compasivo y solidario: sintiendo, preocupándome, ocupándome en aliviar, tanto como pueda, el sufrimiento de los demás.
Esta sensibilidad es una gran virtud y no es fragilidad ni debilidad, y nos ayuda a reconocernos como humanos. Cierto es que la sensibilidad sin control puede llevarnos a reacciones inadecuadas que causan daño. Los profesionales tenemos derecho a sentir, a ser sensibles, pero también tenemos la responsabilidad de autorregularnos, de saber controlar y filtrar lo que expresamos y su intensidad, según situación y contexto, priorizando el bien de las personas, guiándonos por el “saber estar,” y por valores y criterios éticos.
Acompañar y cuidar con sensibilidad nos lleva al necesario reconocimiento de la vulnerabilidad. Todos estamos expuestos a situaciones que pueden hacernos daño, si bien es cierto que existen factores que nos protegen (que nos ayudan a estar más fuertes) y otros que nos fragilizan y nos hacen, emocionalmente, más vulnerables.
Casi todas las personas mayores que atendemos viven en condiciones muy difíciles, en un momento de fragilidad más que de fortaleza emocional. Circunstancias adversas de su salud, graves limitaciones de su capacidad para desenvolverse, depender de otros para satisfacer sus necesidades personales, para sentirse valiosas y queridas, con vacíos relacionales y espirituales… La concurrencia de todo ello puede llevarlos a sentirse débiles, empequeñecidos, sin capacidad para lidiar con las emociones, sin poder reaccionar. Además, las enfermedades multiplican sus dificultades para regular y expresar sus emociones. ¿Acaso no nos sucedería también a nosotros?
Nuestro entorno profesional es muy demandante en este terreno y requiere una dosis extra de inteligencia y de generosidad emocional. Por ello es tan importante, reconociendo nuestra vulnerabilidad emocional, gestionarla cuidadosamente:
- Tratando de ser más resilientes emocionalmente, más fuertes sin perder sensibilidad. Esforzarnos en conocernos y comprendernos, en aprender y mejorar nuestra capacidad para superar adversidades con actitud positiva.
- Aprendiendo en la convivencia diaria, es decir, no ser siempre yo el que doy, porque también yo recibo.
- Responsabilizándonos de la necesidad de recargar pilas, de compensar en nuestra vida personal, para tener un bienestar emocional suficiente.
- Buscando ayuda si lo necesitas…
Se, por mi experiencia, que aprender y mejorar en este ámbito tiene muchos efectos positivos en todas mis relaciones, no solo en las profesionales. Y se, que me ha ayudado a ser mejor persona hoy y seguro además que afrontaré mejor mi futuro (mi envejecimiento, y mi posible fragilidad emocional de mañana). Se, que no soy insensible, más bien lo contrario, y, por lo tanto, que me voy a vincular, que me va a doler ver el sufrimiento de otras personas, y que voy a frustrarme por no conseguir todo lo que me gustaría para ellas.
Hace mucho alguien me dijo una vez (y no ha sido la única), “a mí no me pagan para querer”. Y yo creo que sí. Pienso que siempre nos pagan no solo por los conocimientos técnicos, sino para querer y apreciar, para valorar a la otra persona y para ayudarle a que lo perciba. Sé que todo esto me afecta, y a veces me duele, pero yo elijo vivir. Elijo vivir así. Y tú, ¿Cómo eliges vivir?
Si todavía no conoces este proyecto…
Índice de la colección
PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN: «Hablando de salud»: seis miradas para cuidar de forma integral
Salud holística y cuidados. Cuidar a la persona integralmente
Salud corporal y cuidados. Cuidar el cuerpo, los espacios y los tiempos
Salud espiritual y cuidados. Cuidar el espíritu y aquello que da sentido a la vida
Salud relacional y cuidados. Cuidar las relaciones, la ética social y lo organizativo
Salud y cultura. Cómo la cultura transforma el cuidado de las personas
Esta colección forma parte de mi nueva Web en la que, en este momento de mi vida he decidido crear y compartir gran parte de mi trabajo sobre gerontología, bienestar, ética y humanización de los cuidados. En la página de Recursos podrás encontrar materiales que he desarrollado a lo largo de mi trayectoria profesional. En mi Blog encontrarás otras colecciones, artículos y recursos recientes dirigidos a promover una atención más respetuosa con la dignidad, la autonomía y la calidad de vida de las personas.
Para seguir profundizando
Esta colección conecta con otros contenidos publicados en esta web como :
Colección «Saber más para vivir y cuidar mejor»
- Bienestar social: Una colección para comprender cómo las relaciones, la participación y la comunidad influyen en nuestra calidad de vida
- Seguir teniendo un lugar en la vida. Por qué envejecer bien es mucho más que evitar la soledad.
- Antes de sentirnos solos dejamos de sentirnos parte de la vida.
También te puede interesar conocer
- Mi marco conceptual para comprender el bienestar, el envejecimiento y los cuidadosMi marco conceptual para comprender el bienestar, el envejecimiento y los cuidados
- La colección «Saber más para vivir y cuidar mejor»
- Mis Áreas de trabajo
- Algunas de mis experiencias y testimonios que hablan de mi trabajo
- Quien soy y mi trayectoria Sobre mí.



