5. Salud relacional y cuidados. Cuidar las relaciones, la ética social y lo organizativosalud-relacional-y-cuidados

 Los “bienes relacionales” que nos sostienen

 

Sé que gran parte de mi felicidad depende enormemente de tener personas a mi alrededor que me aprecian, estiman y ello me permite sentirme valiosa y querida. Sé que mi autoestima, la imagen que tengo de mí misma  y muchos sentimientos positivos son el resultado de estos “bienes relacionales” que atesoro, construidos y cuidados a lo largo de la vida.

 

Ser ricos en bienes relacionales” es disfrutar de vínculos de confianza, aceptación y cariño, es vivir experiencias y sentimientos compartidos. Las relaciones y el afecto son intangibles, no se compran ni se imponen, se dan y reciben gratuita y libremente. Podemos delegar y comprar presencia física o compañía, incluso con una máquina o un robot, pero eso no garantiza un vínculo recíproco ni emocionalmente significativo.

 

Los humanos estamos predeterminados y necesitados de conexión, pertenencia y estima, y su ausencia tiene consecuencias muy perjudiciales. A lo largo del cambiante camino de la vida, todos necesitamos estos bienes, especialmente en los momentos más difíciles. En esas circunstancias, mantener una idea valiosa de uno mismo puede ser casi imposible. No se trata de negar nuestras limitaciones o errores, sino de aprender a vivir con ellos con serenidad. Por eso me preocupa que muchas personas mayores tengan dificultades, incluso imposibilidad, para mantener relaciones significativas, ya sea por su salud, deterioro cognitivo, aislamiento social o porque, aun rodeadas de personas, no sienten afectos ni vínculos genuinos. Asumir y vivir esta etapa de la vida de forma positiva solo es posible en compañía.

A mi entender, los recursos asistenciales deberían priorizar el bienestar social, promoviendo en su organización: relaciones elegidas entre personas mayores y con el personal, evitando compañías impuestas; vínculos significativos y de confianza entre profesionales y personas atendidas, con reciprocidad y complicidad que reflejen un interés genuino; y un acompañamiento más cálido y compasivo en momentos difíciles (cambios, vulnerabilidad, pérdidas, duelo). Es necesario fomentar estilos de comunicación y relación en los equipos que vayan más allá de lo técnico o práctico, recuperando el sentido del contacto y del acompañamiento humano para promover relaciones más profundas, transformadoras y recíprocas.

Si queremos, como familiares y amigos, apoyar a las personas mayores para que cultiven sus “bienes relacionales”, no basta solo con visitarles o llamarles. Mantener conexiones verdaderas requiere no solo una cierta cantidad de tiempo compartido, sino que éste sea de calidad.

 

Es importante dar valor a cada encuentro, adaptándonos a los deseos de la persona, permitiendo que marque el ritmo, el estilo de relación y la intensidad de la intimidad. La persona mayor puede preferir rutinas de encuentro (que dan seguridad y sentido del tiempo) como llamadas o ciertas actividades juntos, pero debemos ser flexibles para que perciba que ella es la protagonista, que siempre puede decidir qué desea en cada momento. Querer, apreciar, valorar al otro, implica mantener su dignidad, y ello requiere, respetar su voluntad también en cada relación y tiempo compartido.

En cada encuentro, hay que escuchar con atención, evitando distracciones (móvil, prisas) mostrando interés real, aunque lo haya contado antes. La comunicación no puede ser siempre superficial, sino también emocional y simbólica, expresando cariño, respeto y admiración, y dando espacio para rememorar y resignificar su pasado y presente. Como necesitamos sentirnos validados, es clave pedirle su opinión, consejo o implicarle en la dinámica familiar. Si la persona ha logrado crear nuevos vínculos, alegrémonos sinceramente y felicitémosla por ello. No hay nada más hermoso que ayudar a que continúe creciendo y atesorando “bienes relacionales”. Así seremos facilitadores de su crecimiento en encuentros, actividades u ocupaciones, preferiblemente con otras personas valiosas para ella (compañeros de residencia, antiguas o nuevas amistades, vecinos).

 

Todas las personas necesitamos ser sostenidas por otras. Y lograrlo, requiere que les demos valor y nos esforcemos como amigos, familiares y organizaciones de cuidados en construir y cuidar esos “bienes relacionales”. En realidad, no es tan difícil, porque al final, lo que realmente deja huella son esos lazos auténticos e invisibles cotidianos que alimentamos con cuidado y presencia. No hacen falta grandes regalos, gestos  o palabras vacías, sino que cada uno pongamos un poco más de tiempo, calidez y entrega en nuestras relaciones. Y así, sin darnos cuenta, estaremos, desde la solidaridad, construyendo esa sociedad más humana en la que querremos envejecer.

 

Si todavía no conoces este proyecto…

PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN: «Hablando de salud»: seis miradas para cuidar de forma integral

Salud holística y cuidados. Cuidar a la persona integralmente

Salud corporal y cuidados. Cuidar el cuerpo, los espacios y los tiempos

Salud espiritual y cuidados. Cuidar el espíritu y aquello que da sentido a la vida 

Salud psicoemocional y cuidados. Cuidar el equilibrio interior, mental y emocional 

Salud y cultura. Cómo la cultura transforma el cuidado de las personas

 

Esta colección forma parte de mi nueva Web en la que, en este momento de mi vida he decidido crear y compartir gran parte de mi trabajo sobre gerontología, bienestar, ética y humanización de los cuidados. En la página de Recursos podrás encontrar materiales que he desarrollado a lo largo de mi trayectoria profesional. En mi Blog encontrarás otras colecciones, artículos y recursos recientes dirigidos a promover una atención más respetuosa con la dignidad, la autonomía y la calidad de vida de las personas.

 

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Esta colección conecta con otros contenidos publicados en esta web como :

 

Colección «Saber más para vivir y cuidar mejor»

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