3. Salud espiritual y cuidados. Cuidar el espíritu y aquello que da sentido a la vida

¿Es importante el bienestar espiritual de las personas a las que cuidamos? ¿De quién es la responsabilidad de su logro?

 

Hablar hoy de bienestar espiritual no es un tema fácil, y menos de forma breve. La espiritualidad está basada en dos ideas. La primera, reconocer que las personas no deseamos sobrevivir o vivir de forma azarosa, sino que anhelamos una vida autorrealizada que soñamos y proyectamos, procurando que lo que hagamos tenga sentido y sea bueno, no solo para nosotros sino también para los demás. La segunda se refiere a la posibilidad de experimentar conexión o pertenencia con algo que nos trascienda, con lo absoluto (siendo nosotros relativos), con algo superior, que unos entenderán como Dios (desde cualquier religión) o, desde otras cosmovisiones, con el Universo o la Naturaleza (con su grandeza, belleza, inmensidad…).

 

Este camino natural y propio de los seres humanos nos permite disfrutar de cada una de esas pequeños tareas o acciones que hacemos para lograrlo. El camino de la felicidad no es otro que éste: forjar proyectos propios y trabajar cada día para alcanzarlos.

 

Pero ninguna persona podemos lograrlo sin otros (familiares, amigos y compañeros de trabajo, vecinos, …). Necesitamos de su apoyo, de sus enseñanzas, de su confianza o de los recursos que nos proporcionen. Si conectamos con nuestra propia necesidad de otros, si recordamos que nadie es autosuficiente, estaremos con una mejor predisposición para ser la palanca de apoyo de los demás.

 

Además, en la vejez, si las personas conviven con enfermedades, limitaciones o necesidad de apoyos o cuidados, es frecuente que no se les reconozca el derecho a tener su propio proyecto, a vivir según sus propios valores y que estos guíen sus acciones y decisiones cotidianas. Al contrario, con frecuencia les provocamos vivir situaciones en la que son minusvaloradas o ignoradas. Sentirse personas poco valiosas o como una carga para los demás les está arrebatando este derecho de desarrollo personal, claramente inmaterial y, por tanto, espiritual. Y si algo se necesita en la vejez es mantener el sentido, ese propósito en la vida por el que seguir esforzándose cada mañana.

 

Incluir esta dimensión espiritual en el cuidado, requiere primero, reconocer que es responsabilidad de cada persona continuar su camino según su propio proyecto, y que no se pierde con los años ni por necesitar cuidados. Por ello, quienes estemos cerca (familiares, amigos o profesionales), tenemos la responsabilidad no solo de respetarlo sino de apoyarlo proactivamente. Convertirnos en recursos eficaces para que las personas puedan ejercer esta responsabilidad, con relaciones afectivas significativas y sintiéndose miembro de una comunidad a la que puede seguir contribuyendo.

 

Así, además de generar relaciones estables y un trato afectuoso que genere confianza y seguridad, debemos ofrecernos para apoyar esta faceta más íntima y espiritual (valores, creencias, identidad, propósito, … ). Es necesario crear momentos para poder experimentar esa conexión, para compartir con las personas mayores -si lo desean-, lo que nos sobrecoge, lo que está más allá de nosotros mismos. Ayudar a la persona a conectar consigo misma, integrando su vida actual en un relato coherente de su existencia.

 

Existen obstáculos y prejuicios que debemos eliminar: visión superficial y simple de la dignidad y condición humana, no ver detrás de los diagnósticos de demencia a personas con necesidades espirituales, el estigma, etc.

Deberíamos poder ayudar a las personas a superar sus propias barreras: baja autoestima y creer que no lo merecen, sentimientos de inseguridad y falta de ilusión; dificultad para adecuar su proyecto a sus circunstancias actuales y de acceso a los medios que necesitan para su desarrollo personal y espiritual; creer que su vida terminó y que solo queda esperar el fin.

 

Me preocupa el escaso interés por crecer en inteligencia espiritual, por identificar y acercarnos a la propia espiritualidad. Es éste un ejercicio necesario para ser capaces de aproximarnos a esta dimensión inmaterial y profunda de las personas que atendemos. Avancemos en ofrecer oportunidades para este bienestar espiritual, recogiendo la diversidad de las personas mayores y también la de quienes prestamos los cuidados.

 

 

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Este artículo forma parte de la colección «Hablando de salud», publicada originalmente en la revista Humanizardurante 2025. A lo largo de seis artículos comparto una mirada sobre la salud desde la gerontología, entendiendo que el bienestar de las personas solo puede comprenderse integrando sus dimensiones física, emocional, espiritual, relacional, cultural y ética.

Índice de la colección

Presentación de la colección: Hablando de salud. Seis miradas para cuidar de forma integral.

    1. Salud holística y cuidados. Cuidar a la persona integralmente
    2. Salud corporal y cuidados. Cuidar el cuerpo, los espacios y los tiempos
    3. Salud psicoemocional y cuidados. Cuidar el equilibrio interior, mental y emocional 
    4. Salud relacional y cuidados. Cuidar las relaciones, la ética social y lo organizativo 
    5. Salud y cultura. Cómo la cultura transforma el cuidado de las personas

Si todavía no conoces este proyecto…

Esta colección forma parte de mi proyecto de divulgación sobre bienestar, gerontología, ética y humanización de los cuidados. En esta web comparto gran parte del trabajo que he desarrollado a lo largo de más de treinta años de trayectoria profesional, con el propósito de contribuir a una mejor comprensión del envejecimiento, los cuidados y la calidad de vida.

En la página Recursos encontrarás publicaciones, guías, infografías y otros materiales elaborados durante estos años. En El Blog de Lourdes continúo publicando nuevas colecciones y artículos para seguir reflexionando sobre el bienestar, la dignidad, la autonomía y los cuidados centrados en la persona.

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