Mi madre tiene 95 años y quiere seguir organizando personalmente su medicación.
La escena es sencilla. Revisa lo que tiene, comprueba su medicación, la organiza y se ocupa de que todo esté como debe estar.
Podríamos pensar que lo importante es si una persona de 95 años puede o no puede gestionar correctamente sus medicamentos. Pero mientras la observo, a mí me interesa otra cuestión:
¿Por qué quiere seguir haciéndolo ella?
Y creo que la respuesta nos habla de mucho más que de medicamentos.
Quiere seguir ocupándose de sí misma
Mi madre quiere hacerlo porque puede hacerlo, sabe hacerlo y confía en su capacidad para hacerlo.
Pero también porque organizar su medicación forma parte de algo mucho más amplio: ocuparse de sí misma, responsabilizarse de su salud y mantener el control sobre cuestiones que afectan directamente a su propia vida.
No está esperando pasivamente que otras personas la cuiden. Ella también se cuida.
Y probablemente ahí se encuentra una de las cuestiones más interesantes que nos plantea la gran longevidad: cómo ayudar cuando sea necesario sin ir ocupando anticipadamente espacios de la vida que la persona todavía quiere y puede gestionar.
Cumplir años no debería significar que otros empiecen a hacerlo por ti
Cuando una persona envejece, quienes estamos cerca podemos sentir la tentación de adelantarnos.
- «Déjame, que ya lo hago yo».
- «No te preocupes por esto».
- «Es mejor que me encargue yo».
Generalmente lo hacemos con buena intención. Queremos facilitar, proteger, evitar errores o ahorrar esfuerzos.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos antes:
¿Realmente necesita que lo hagamos por ella?
Porque cuando sustituimos innecesariamente a una persona en algo que todavía puede hacer, no estamos únicamente resolviendo una tarea.
También podemos estar reduciendo oportunidades para utilizar sus capacidades, tomar decisiones, responsabilizarse, sentirse competente y mantener el control sobre su propia vida.
Poder hacer también alimenta la confianza
Hay otra cuestión que me parece especialmente importante en esta escena: mi madre confía en sí misma.
Sabe que puede organizar su medicación y actúa desde esa confianza.
A lo largo de la vida construimos una percepción de nuestras propias capacidades. Aprendemos qué sabemos hacer, qué podemos resolver, cuándo necesitamos ayuda y cómo afrontar situaciones cotidianas.
Esa confianza también puede verse afectada cuando envejecemos.
Si continuamente recibimos mensajes que nos dicen que ya no podemos, que es mejor que no hagamos determinadas cosas o que otros pueden hacerlas por nosotros más deprisa o con mayor seguridad, podemos acabar dudando de capacidades que todavía conservamos.
Por eso, permitir que una persona continúe haciendo aquello que puede hacer no significa únicamente mantener una capacidad funcional.
También puede contribuir a preservar la confianza en sí misma y la experiencia de seguir siendo competente.
Para favorecer la autonomía decisoria y la capacidad de hacer por si mismas las cosas, debemos siempre preguntarnos: ¿Qué quiere seguir haciendo por sí misma esa persona? ¿Qué quiere seguir decidiendo? ¿Y qué apoyo necesita para conseguirlo?
Puedes ver este episodio 7 de Los consejos de mi madre
Apoyar sin sustituir
Esta es una de las ideas que más atraviesa mi forma de entender los cuidados:
apoyar sin sustituir.
No significa dejar sola a una persona ante una dificultad ni ignorar los riesgos.
Significa proporcionar el apoyo que realmente necesita procurando conservar al máximo sus capacidades, decisiones y participación.
A veces será suficiente con estar disponibles.
En otras ocasiones habrá que recordar, supervisar, facilitar información, adaptar una actividad o proporcionar algún tipo de ayuda.
Y habrá situaciones en las que otra persona tenga que asumir una parte o incluso la totalidad de una tarea.
Pero el criterio debería ser siempre el mismo: no hacer innecesariamente por una persona aquello que todavía puede y quiere hacer por sí misma.
No estamos hablando solo de medicamentos
Esta reflexión puede aplicarse a muchas situaciones cotidianas.
Elegir qué ropa ponerse.
- Administrar pequeños gastos.
- Utilizar el teléfono.
- Preparar algo de comer.
- Organizar los propios horarios.
- Hacer una compra.
- Decidir cuándo descansar.
- Mantener determinadas responsabilidades domésticas.
- Participar en las decisiones relacionadas con la propia salud.
- Cada una puede parecernos una actividad pequeña.
Pero juntas construyen algo enorme: la experiencia de seguir gobernando nuestra propia vida.
Por eso, cuando vamos sustituyendo a una persona en muchas pequeñas decisiones y actividades cotidianas, podemos terminar modificando profundamente su experiencia y concepción de sí misma. autonomía.
La mirada de Lourdes
Mientras observo a mi madre organizando su medicación pienso también en nosotros, en quienes estamos alrededor.
Porque para que ella pueda seguir haciéndolo no basta con que tenga capacidad y voluntad.
También necesita que los demás se lo permitamos.
- Que confiemos.
- Que no confundamos edad con incapacidad.
- Que no hagamos por ella algo simplemente porque nosotros podríamos hacerlo más deprisa.
- Que estemos disponibles si necesita ayuda, pero que sepamos permanecer al margen cuando no la necesita.
- Quizá una parte importante del buen cuidado consista precisamente en aprender cuándo intervenir y cuándo no hacerlo. Y RESPETAR SU VOLUNTAD, Y SU RITMO Y MODO DE HACER LAS COSAS
Algunas preguntas para familias y profesionales
Ante una persona mayor que recibe apoyos, podemos preguntarnos:
- ¿En qué cosas continúa siendo independiente?
- ¿Qué actividades quiere seguir realizando por sí misma?
- ¿Qué decisiones considera especialmente importantes?
- ¿Estamos ofreciendo ayuda porque realmente la necesita o porque nos resulta más fácil hacerlo nosotros?
- ¿Le damos tiempo suficiente para hacer las cosas a su ritmo?
- ¿Estamos reforzando su confianza o transmitiéndole continuamente que dudamos de sus capacidades?
- ¿Podemos ofrecer un apoyo menor antes de sustituirla completamente?
- ¿Seguimos preguntándole cómo quiere hacer las cosas?
- Son preguntas sencillas, pero pueden modificar profundamente nuestra manera de acompañar.
Una idea para recordar
Mi madre no quiere organizar su medicación simplemente para demostrar que puede hacerlo.
Quiere hacerlo porque cuidarse, responsabilizarse de su salud y controlar aquello que afecta a su vida siguen formando parte de quién es y de cómo quiere vivir.
Cumplir muchos años no debería convertir automáticamente en responsabilidad de otras personas aquello que todavía podemos y queremos hacer.
Por eso, quizá antes de decir: «Déjame, que ya te lo hago yo»
deberíamos preguntarnos: ¿Necesita realmente que lo haga por ella o necesita que confíe en que todavía puede hacerlo?
Sigue explorando Los consejos de mi madre
Este es el episodio 7 de Los consejos demi madre, una colección construida a partir de pequeñas escenas de la vida cotidiana que observo desde una doble mirada: como hija y como gerontóloga.
En ellas encuentro oportunidades para reflexionar sobre la gran longevidad, la autonomía, la identidad, las relaciones, el bienestar y nuestra manera de acompañar a las personas a medida que envejecen.
Episodio anterior: Tiene 95 años: ¿sabes cuándo empezó realmente a leer? | Los consejos de mi madre · Ep. 6.
Colección completa: Los consejos de mi madre.
Este episodio conecta especialmente con otros contenidos de mi web sobre autonomía y proyecto de vida, dignidad y derechos, Atención Centrada en la Persona y bienestar físico.
De la vida cotidiana a nuestra forma de acompañar/cuidar
La escena de este episodio contiene también una cuestión esencial para las organizaciones y los equipos profesionales: cómo proporcionar apoyos sin generar dependencia innecesaria y cómo preservar las oportunidades de las personas para decidir, hacer y participar.
Esta perspectiva forma parte de mi trabajo en Cuidados de larga duración y Atención Centrada en la Persona, acompañando a organizaciones y profesionales en la transformación de sus modelos de atención y relación.
Porque cuidar bien no consiste solamente en hacer cosas por las personas.
También consiste en saber qué debemos hacer con ellas, qué debemos apoyar y qué debemos permitir que continúen haciendo por sí mismas.




