Cuidar también es sostener la identidad cultural de cada persona.
Cuando hablamos del cuidado de las personas mayores solemos pensar en lo físico, lo sanitario o lo cognitivo. Sin embargo, hay algo intrínsecamente humano que atraviesa toda nuestra vida, y que, a menudo, queda relegado: la cultura. No me refiero a actividades de ocio o espectáculos, sino a ese tejido de costumbres, significados y símbolos que nos hace sentir que tenemos un mundo propio y que, al mismo tiempo, nos vincula gracias a una identidad compartida.
La cultura no es únicamente patrimonio, arte o tradiciones; es, sobre todo, una forma de entender el mundo. A través de ella interpretamos lo que nos ocurre, nos situamos en la vida y nos relacionamos con los demás. Es un marco invisible que da sentido a nuestras acciones, elecciones y emociones.
Y en la vejez, la identidad y la cultura adquieren aún más peso. Tras cada persona mayor hay un archivo vivo de recuerdos, significados y aprendizajes, hay una confluencia única de contextos -familiar, social, geográfico-, con valores, vivencias y biografía. Y también una historia compartida con acontecimientos que marcaron a quienes los vivieron. Hechos que no solo están en los libros de historia, sino que afectaron a las formas de relacionarse o de enamorarse, a los gustos culinarios, al estilo de vestirse, a las canciones que se recuerdan.
Cuidar es reconocer esta historicidad, ese momento único -tiempo y espacio- que ha configurado a la persona y que merece ser celebrado. Es identificar, por ejemplo, que una receta familiar puede ser un recuerdo inolvidable o una lengua o un acento, un símbolo de identidad.
La cultura no es un lujo ni un privilegio: es un derecho humano. Así lo recoge la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que establece el derecho a participar en la vida cultural, a conservar la identidad y a transmitir el propio legado. Esto significa que comunidades, organizaciones y familias debemos asumir la responsabilidad de garantizar que las personas mayores puedan decidir qué prácticas mantener, con quién compartirlas y en qué espacios.
El problema es que, con frecuencia, los servicios de atención reducen la cultura a un programa de actividades: manualidades, cine, música… diseñadas por quienes organizan los cuidados. Pueden ser valiosas, pero la cuestión de fondo es otra: ¿qué aspectos de su identidad cultural siguen presentes hoy? ¿Se reconoce el valor de su legado? ¿Puede compartirlo con otras personas? ¿Cómo hacemos para que el entorno contemple esta diversidad cultural?
Tenemos que lograr que en el ámbito de los cuidados y de la gerontología la cultura no sea un asunto intangible o distante: sino posibilidades deseables de participación activa, viendo a las personas mayores como creadores y no solo como receptores, dándoles la oportunidad de aportar y transmitir. Y se debe concretar en gestos cotidianos como disponer símbolos y recuerdos valiosos, recrear la biografía cultural, disfrutar de la música y la gastronomía que se ama, dar valor a la memoria colectiva mediante tertulias o encuentros, favorecer la participación en prácticas artísticas, religiosas o espirituales. En definitiva, la cultura no es solo un bien colectivo, sino una valiosa huella individual que ayuda a cada persona a dar sentido a su existencia.
Pero esto no siempre sucede. Valorar la forma de vida del otro requiere humildad. Supone desterrar cualquier superioridad -moral, profesional, cultural o generacional- de la persona joven o de quien cuida sobre la persona mayor que necesita apoyos. Minusvalorar la cultura de los más mayores es otra forma de edadismo, y, lamentablemente, lo observo con frecuencia.
Del mismo modo, es imprescindible reconocer y respetar la cultura de las personas cuidadoras, cada vez más diversas, que nos enriquecen y con las que cada vez conviviremos más. No contemplar o minusvalorar otras formas de ver el mundo… nos puede llevar a actitudes y comportamientos xenófobos. La multiculturalidad en los equipos de trabajo es ya una realidad, y me pregunto qué hacemos, qué iniciativas desarrollamos para favorecer el conocimiento, el respeto y la valoración mutua. Y además: ¿cómo ayudamos a las personas mayores a valorar esta multiculturalidad? ¿cómo podemos enriquecernos todos de esta diversidad?
Hablar de una sociedad plural y longeva, implica respetar todas las identidades culturales, pero en un plano de igualdad. Sin este reconocimiento, nunca podremos hablar de cuidados que humanizan y dignifican, ni de cuidados verdaderamente integrales.
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Este artículo forma parte de la colección «Hablando de salud», publicada originalmente en la revista Humanizardurante 2025. A lo largo de seis artículos comparto una mirada sobre la salud desde la gerontología, entendiendo que el bienestar de las personas solo puede comprenderse integrando sus dimensiones física, emocional, espiritual, relacional, cultural y ética.
Índice de la colección
Presentación de la colección: Hablando de salud. Seis miradas para cuidar de forma integral.
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- Salud holística y cuidados. Cuidar a la persona integralmente
- Salud corporal y cuidados. Cuidar el cuerpo, los espacios y los tiempos
- Salud espiritual y cuidados. Cuidar el espíritu y aquello que da sentido a la vida
- Salud psicoemocional y cuidados. Cuidar el equilibrio interior, mental y emocional
- Salud relacional y cuidados. Cuidar las relaciones, la ética social y lo organizativo
Si todavía no conoces este proyecto…
Esta colección forma parte de mi proyecto de divulgación sobre bienestar, gerontología, ética y humanización de los cuidados. En esta web comparto gran parte del trabajo que he desarrollado a lo largo de más de treinta años de trayectoria profesional, con el propósito de contribuir a una mejor comprensión del envejecimiento, los cuidados y la calidad de vida.
En la página Recursos encontrarás publicaciones, guías, infografías y otros materiales elaborados durante estos años. En El Blog de Lourdes continúo publicando nuevas colecciones y artículos para seguir reflexionando sobre el bienestar, la dignidad, la autonomía y los cuidados centrados en la persona.
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