Mi madre tiene 95 años y recibe clases de piano por videollamada desde hace siete años.
Para poder hacer algo que ha elegido y desea mantener —seguir aprendiendo piano— necesita utilizar una tecnología que no siempre resulta sencilla. Algunas veces puede manejarla sola; otras necesita ayuda.
Y ahí aparece una idea importante: necesitar apoyo para hacer algo no significa perder autonomía para decidir hacerlo.
La independencia tiene que ver con poder realizar una actividad por uno mismo. La autonomía, en cambio, tiene que ver con poder decidir sobre la propia vida y actuar de acuerdo con nuestras preferencias y deseos, contando con los apoyos necesarios cuando los necesitamos.
Este pequeño episodio cotidiano permite verlo con mucha claridad.
Como todos los vídeos de Los consejos de mi madre, no pretende mostrar cómo deben envejecer las personas. Mi propósito es utilizar situaciones reales para reflexionar, desde la gerontología, sobre capacidades, oportunidades, decisiones y apoyos que pueden contribuir a una buena calidad de vida.
Porque, a veces, un gesto cotidiano nos ayuda a comprender mejor conceptos que pueden parecer muy teóricos.
Aprender piano a los 88 años
Mi madre comenzó a recibir clases de piano cuando tenía 88 años.
Nunca había tocado un instrumento ni había estudiado música. Decidió empezar desde cero a una edad en la que todavía tendemos a pensar que ya no corresponde iniciar determinados aprendizajes.
No lo hizo para cumplir un antiguo sueño ni con la pretensión de llegar a tocar especialmente bien. Las razones fueron otras… pero eso lo contaremos más adelante.
Lo importante ahora es que, siete años después, ella quiere seguir aprendiendo, mantener la relación con su profesor y disfrutar del reto que suponen sus ejercicios al piano.
Para conseguirlo necesita preparar el piano, la pantalla, los auriculares y la conexión.
La tecnología hace posible la clase, pero a veces también se convierte en una barrera.
Conectarse también forma parte del aprendizaje
Ver el vídeo: Mujer de 95 años intentando conectarse a su clase virtual de piano desde casa
Cuando aparece una dificultad
Mi madre está preparada para comenzar su clase, pero ese día encuentra dificultades para conectarse.
Puede ser una actualización pendiente, un cambio en la aplicación, una contraseña, la conexión wifi, el router, el sonido, la cámara o cualquier otro fallo difícil de identificar.
Son incidencias habituales, pero pueden resultar desconcertantes cuando no se comprende qué ha cambiado ni cómo solucionarlo.
Ese día intenta resolver el problema y, cuando comprueba que no sabe cómo continuar, llama a su profesor. Otras veces me consulta a mí o recurre a otra persona que pueda orientarla.
No siempre necesita la ayuda de la misma persona. Lo importante es que sabe reconocer cuándo necesita apoyo y a quién puede acudir para continuar haciendo lo que desea.
Pedir ayuda no significa perder autonomía
La tecnología puede convertirse en una barrera, pero también es el medio que permite a mi madre recibir sus clases, continuar aprendiendo y mantener la relación con su profesor.
Pedir ayuda no reduce su autonomía.
La decisión continúa siendo suya: quiere recibir la clase, intenta resolver la dificultad y, cuando no puede hacerlo sola, busca el apoyo necesario.
Su profesor, yo misma u otra persona podemos resolver el problema técnico. Pero el interés, la iniciativa y la decisión de continuar siguen siendo de ella.
Esto permite diferenciar dos conceptos que con frecuencia confundimos:
Independencia significa poder realizar una actividad por uno mismo.
Autonomía significa poder decidir sobre la propia vida y actuar de acuerdo con las propias preferencias, aunque para hacerlo necesitemos ayuda.
Esta diferencia es fundamental. Como desarrollo al hablar de identidad, autonomía y proyecto de vida, necesitar ayuda para realizar una actividad no debería significar que otras personas empiecen a decidir por nosotros.
Por eso, proporcionar apoyos adecuados no tiene por qué sustituir a la persona. Al contrario, puede ser precisamente lo que le permita seguir llevando a la práctica sus propias decisiones.
También forma parte del aprendizaje reconocer una dificultad, manejar la frustración, pedir ayuda, aceptar el apoyo y continuar.
La tecnología: barrera o posibilidad
Esta escena también me hace pensar en algo que va más allá de mi madre.
Con frecuencia hablamos de la tecnología como una oportunidad para las personas mayores. Y puede serlo. Permite comunicarse, aprender, acceder a servicios, mantener relaciones o participar en actividades que de otro modo resultarían difíciles.
Pero una oportunidad deja de serlo cuando no podemos utilizarla.
Por eso, quizá la pregunta no debería ser únicamente si una persona mayor sabe o no sabe utilizar una determinada tecnología, sino qué necesita para poder utilizarla cuando esa tecnología le permite hacer algo que realmente desea.
En ocasiones será aprendizaje. En otras, una herramienta más sencilla, una adaptación o alguien disponible para resolver una dificultad puntual.
El objetivo no es que todas las personas mayores sean tecnológicamente independientes. El objetivo es que la tecnología no termine impidiendo aquello que precisamente debería facilitar.
Una misma actividad puede aportar mucho más
Aprender piano no es únicamente aprender música.
En esta experiencia aparecen aprendizaje, capacidades, relaciones, motivación, superación, toma de decisiones y sentido personal.
Por eso una misma actividad puede contribuir simultáneamente a diferentes dimensiones de nuestra calidad de vida.
El Modelo de los 5 bienestares nos ayuda precisamente a comprender que el bienestar físico, psicológico, social, afectivo y espiritual no son compartimentos separados, sino dimensiones relacionadas de una misma vida.
Una idea que queda
Este episodio me deja una idea que considero especialmente importante:
Necesitar ayuda para hacer algo no significa perder autonomía para decidir hacerlo.
Los buenos apoyos no deberían sustituir nuestras decisiones, sino ampliar nuestras posibilidades para llevarlas a la práctica.
Y quizá podamos preguntarnos:
Cuando ayudamos a alguien, ¿estamos facilitando que pueda continuar haciendo lo que desea o, sin darnos cuenta, empezamos a decidir y hacer por esa persona?
¿Qué apoyos necesitamos cada uno de nosotros para seguir haciendo aquello que nos importa?
Para seguir profundizando
Si quieres profundizar en esta diferencia entre autonomía, independencia y apoyos, puedes leer Quién es la persona y cómo desea vivir: identidad, autonomía y proyecto de vida.
También desarrollo esta mirada en Cuidar sin sustituir: apoyos, interdependencia y atención centrada en la persona, donde abordo precisamente cómo ofrecer ayuda sin apropiarnos de las decisiones de la persona.
Y para comprender cómo una actividad significativa puede repercutir en distintas dimensiones de nuestra vida, puedes conocer el Modelo de los 5 bienestares.
Seguir explorando «Los consejos de mi madre»
Puedes conocer todos los episodios de Los consejos de mi madre.
También puedes leer los episodios anteriores: Hoy toca celebrar la vida | Ep. 1 y 30 sentadillas y 4 kilos | Ep. 2.
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