Tiene 95 años: 30 sentadillas y 4 kilos | Los consejos de mi madre · Ep. 2

Mujer de 95 años realizando ejercicios de fuerza con pesas en el gimnasio acompañada por su fisioterapeuta.

Mi madre tiene 95 años y en este vídeo la vemos haciendo algo que probablemente no imaginaba cuando cumplió 90: 30 sentadillas con cuatro kilos de peso, dos kilos en cada mano.

Cuenta las repeticiones, se concentra, se esfuerza… y también sonríe.

Empezó a ir al gimnasio a los 90 años. Después llegó una fractura y un largo proceso de recuperación. Por eso, verla ahora entrenando de nuevo tiene para mí un significado especial.

No se trata solamente de hacer ejercicio. Se trata de recuperar capacidades, sentirse capaz y conservar posibilidades para seguir haciendo aquello que forma parte de su vida.

La fuerza no es solo una cuestión de músculos

Cuando hablamos de ejercicio físico en las personas mayores podemos pensar inmediatamente en músculos, movilidad, equilibrio o prevención de caídas. Todo ello es importante.

Pero a mí me interesa especialmente otra pregunta: ¿para qué queremos conservar la fuerza?

Queremos fuerza para levantarnos de una silla, caminar, salir de casa, desplazarnos con seguridad, hacer nuestras cosas y necesitar menos ayuda. En definitiva, para poder continuar utilizando nuestro cuerpo como un recurso para la vida.

Por eso me gusta entender el bienestar físico no como la ausencia de enfermedad ni como la obligación de mantener determinadas capacidades a cualquier edad, sino como la posibilidad de vivir nuestro cuerpo de la mejor manera posible para continuar haciendo aquello que nos importa.

Mantener la fuerza es mantener posibilidades.

Mujer de 95 años realizando ejercicios de fuerza con pesas en el gimnasio acompañada por su fisioterapeuta.Si deseas ver el vídeo, pulsa sobre la imagen.

Un reto personal que también se disfruta

Hay algo más que me gusta especialmente de este vídeo. Mi madre no parece estar cumpliendo una obligación. Está concentrada, cuenta, se esfuerza y convierte las repeticiones en un pequeño reto personal que disfruta.

Esto también forma parte del bienestar.

Comprobar que todavía podemos aprender, recuperarnos, mejorar o conseguir algo que requiere esfuerzo alimenta nuestra percepción de capacidad. Después de haber perdido capacidades a causa de una fractura, volver a comprobar que algunas pueden recuperarse tiene un enorme significado.

Pero no se trata de compararnos con otras personas ni de convertir el envejecimiento en una competición.

Cada persona parte de una situación diferente y tiene sus propios objetivos. Lo relevante es descubrir qué capacidades necesita o desea conservar para continuar viviendo de acuerdo con aquello que valora.

Ahí es donde el ejercicio físico conecta directamente con la autonomía y el proyecto de vida.

No entrenamos músculos separados de la persona

Esta es quizá la idea gerontológica que más me interesa de este episodio.

No entrenamos músculos separados de la persona.

Trabajamos con alguien que tiene una historia, unas capacidades, unas preferencias, unas expectativas y una determinada manera de entender cómo quiere vivir.

Por eso el objetivo no debería ser simplemente que una persona haga más repeticiones, levante más peso o alcance determinado resultado físico.

La pregunta verdaderamente importante es:

¿Qué le permite hacer en su vida aquello que estamos trabajando?

Quizá levantarse sola. Quizá continuar saliendo a la calle. Quizá ir a comprar, visitar a alguien, viajar, cuidar sus plantas o simplemente sentir mayor seguridad al moverse por su propia casa.

Esta forma de entender los apoyos conecta directamente con una atención centrada en la persona: no trabajar capacidades porque sí, sino ponerlas al servicio de aquello que tiene sentido para cada persona.

 

Y después está quien acompaña

Mujer de 95 años sonriendo con su fisioterapeuta en el gimnasio
Screenshot

Hay otra cosa que este vídeo me recuerda y que considero fundamental: mantener capacidades no depende exclusivamente de la voluntad individual.

Necesitamos oportunidades, entornos accesibles y, muchas veces, buenos apoyos.

En el caso de mi madre hay además una persona importante: su fisioterapeuta.

No solo supervisa los ejercicios. Le proporciona seguridad, ajusta los retos, reconoce sus avances, la anima y, además, comparte con ella bromas y buen humor.

Esa calidad humana de la relación profesional también importa.

Cuando existe confianza y complicidad resulta más fácil mantener el esfuerzo, continuar una actividad y disfrutar de ella. Y los logros dejan de ser únicamente funcionales: también pueden alimentar la autoestima, la seguridad y la percepción de seguir siendo capaz.

Desde aquí, un abrazo a todos los profesionales que aportáis ese plus tan necesario.

También necesitamos oportunidades

Mi madre puede ir al gimnasio porque existe un gimnasio de barrio cercano y accesible y porque encuentra allí los apoyos que necesita.

Esto también merece nuestra atención.

A veces ponemos todo el peso del llamado envejecimiento activo sobre la persona: hay que moverse, participar, aprender, cuidarse… Pero las personas necesitamos también entornos que nos permitan hacerlo.

Una comunidad que ofrece oportunidades accesibles para continuar utilizando nuestras capacidades también contribuye a nuestra calidad de vida.

Por eso envejecer bien no depende únicamente de lo que cada uno haga. También depende de las oportunidades y apoyos que encontremos a nuestro alrededor.

Mujer de 95 años realizando ejercicios de fuerza en el gimnasioUna idea que queda

Este episodio me deja una idea especialmente sencilla:

Mantener la fuerza no es únicamente conservar músculos. Es conservar posibilidades para seguir haciendo, decidiendo y viviendo como queremos.

Y quizá podamos hacernos dos preguntas:

¿Qué capacidades necesitamos conservar para continuar haciendo aquello que es importante para nosotros?

¿Qué oportunidades y apoyos pueden ayudarnos a mantenerlas durante más tiempo?

Para seguir profundizando

Este episodio conecta especialmente con el bienestar físico y con una idea que desarrollo en Vivir el cuerpo como un recurso para la vida: cuidar nuestras capacidades físicas cobra verdadero sentido cuando nos ayudan a continuar viviendo aquello que valoramos.

También puedes profundizar en la relación entre identidad, autonomía y proyecto de vida y en cómo los apoyos pueden favorecer la autonomía sin sustituir a la persona.

Y si quieres comprender cómo se relacionan las distintas dimensiones de la vida, puedes conocer mi Modelo de los 5 bienestares.

Seguir explorando «Los consejos de mi madre»

Puedes conocer todos los episodios de Los consejos de mi madre, una colección en la que pequeñas escenas de la vida cotidiana me sirven para reflexionar sobre envejecimiento, bienestar y calidad de vida.

También puedes leer el episodio anterior: Tengo 95 años y hoy toca celebrar la vida | Ep. 1.

Y si estas reflexiones conectan con los retos de tu organización, puedes conocer mi trabajo y mis áreas de intervención profesional.

Y si quieres contactar conmigo, aquí puedes encontrarme.

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