Vivimos más años: ¿por qué necesitamos seguir aprendiendo?

Este artículo forma parte de «Aprender durante toda la vida», una colección dedicada a la gerontología educativa, la participación y el desarrollo humano en sociedades longevas.

En el primer artículo de la colección compartí la experiencia que dio origen a esta serie. En el segundo nos preguntamos qué queremos generar realmente cuando una persona aprende y, en el tercero, cómo observar críticamente si aquello que pretendemos está sucediendo realmente y cómo lo experimentan las personas.

En este cuarto artículo amplío la mirada: ¿qué significa seguir aprendiendo cuando nuestras vidas son cada vez más largas?

Gerontología educativa y desarrollo humano a lo largo de la vida

Estamos viviendo una transformación extraordinaria.

Cada vez más personas alcanzamos edades avanzadas y, al mismo tiempo, nuestras trayectorias vitales son cada vez más diversas.

Sin embargo, seguimos arrastrando una representación de la vida organizada aproximadamente en tres grandes etapas: primero aprendemos, después producimos y finalmente nos retiramos.

Las vidas largas cuestionan profundamente esta secuencia.

Si vivimos más años, parece razonable preguntarnos: ¿no necesitaremos también más oportunidades para continuar aprendiendo y desarrollándonos durante más tiempo?

Aprender no tiene fecha de caducidad

Con frecuencia justificamos el aprendizaje en la vejez a partir de sus beneficios.

Hablamos de estimulación y reserva cognitiva, alfabetización en salud, adquisición de competencias digitales o mantenimiento de capacidades. Son cuestiones importantes.

Pero reducir la educación en la vejez a su posible capacidad para prevenir o compensar pérdidas significaría aceptar, en cierta medida, que aprender necesita una justificación especial cuando envejecemos.

¿Y si cambiamos la perspectiva?

Aprendemos porque seguimos desarrollándonos.

Aprender para desenvolvernos en un mundo que cambia

Vivir más años significa también vivir durante más tiempo en sociedades que se transforman.

Cambian las tecnologías, las formas de comunicarnos, los sistemas sanitarios, los trámites administrativos, las relaciones familiares, los modos de participación social, los conocimientos disponibles y las decisiones que tenemos que tomar.

Por eso continuar aprendiendo tiene una relación directa con nuestra capacidad para desenvolvernos en el mundo.

Aprendemos para comprender. Para decidir. Para mantener independencia en determinadas actividades. Para gestionar aspectos de nuestra vida cotidiana. Para adaptarnos a situaciones nuevas.

Pero el aprendizaje no se agota ahí.

Aprender para relacionarnos y participar

Muchas experiencias educativas son también experiencias sociales.

Aprendemos con otras personas. Nos encontramos. Conversamos. Contrastamos perspectivas. Descubrimos que sabemos cosas que pueden resultar útiles a otras personas. Pedimos ayuda y podemos ofrecerla.

Se generan relaciones, pertenencia y oportunidades de participación.

Por eso el valor de una experiencia educativa no puede medirse únicamente por aquello que cada persona aprende individualmente. También importa qué relaciones, vínculos y posibilidades de participación se generan alrededor del aprendizaje.

Aprender para mantener autonomía y favorecer independencia

Autonomía e independencia no son lo mismo.

Podemos necesitar ayuda para realizar determinadas actividades y continuar tomando decisiones sobre nuestra vida. Y también podemos incrementar nuestra independencia en algunos ámbitos gracias al aprendizaje.

Aprender a utilizar una herramienta digital puede permitirnos realizar una gestión sin depender de otra persona. Comprender mejor determinada información puede ayudarnos a tomar una decisión. Adquirir nuevas estrategias puede permitirnos desenvolvernos mejor ante una situación cotidiana.

Pero, sobre todo, aprender amplía nuestras posibilidades para comprender, elegir y actuar.

Por eso educación y autonomía mantienen una relación especialmente importante durante toda la vida.

Durante la sesión recurrí también a diferentes escenas de «Los consejos de mi madre» para llevar estas ideas a situaciones de la vida cotidiana. Algunas me permitieron hablar del aprendizaje y de la posibilidad de seguir haciendo cosas nuevas; otras, de la importancia de seguir decidiendo sobre aquello que queremos hacer, también a edades muy avanzadas.

El consejo nº 7  me permitió trabajar de una forma muy concreta sobre la necesidad de favorecer la responsabilidad de la persona y el control sobre su propia vida.

Proyección de «Los consejos de mi madre» durante una sesión sobre autonomía decisoria y control sobre la propia vida.

Aprender para aportar

Existe otra dimensión que considero fundamental.

Durante mucho tiempo hemos pensado las políticas y los programas dirigidos a personas mayores fundamentalmente desde aquello que necesitan recibir: cuidados, servicios, protección, actividades, información, apoyos.

Todo ello puede ser necesario. Pero las personas necesitamos también sentir que podemos aportar.

Conocimiento. Experiencia. Tiempo. Creatividad. Ayuda. Afecto. Ideas.

Una experiencia educativa puede generar precisamente espacios en los que una persona no sea únicamente receptora, sino también alguien que enseña, comparte, acompaña y contribuye.

Esta reciprocidad modifica nuestra posición ante los demás: no solo recibir, sino también poder dar; no solo necesitar apoyos, sino seguir siendo alguien que puede apoyar a otras personas.

Aprender para continuar construyendo nuestra vida

También aprendemos porque aparecen nuevos intereses.

Porque queremos comprender algo que desconocemos. Porque disfrutamos. Porque encontramos personas con quienes compartir una inquietud. Porque comenzamos proyectos que anteriormente no habíamos imaginado.

Una vida larga contiene cambios y transiciones, pero también nuevas posibilidades de desarrollo.

Por eso la educación en la vejez no debería entenderse únicamente desde una perspectiva compensatoria.

Aprender puede formar parte de nuestro proyecto de vida.

Y puede formar parte de aquello que contribuye a que nuestra vida continúe teniendo interés, posibilidades y sentido.

De la educación de personas mayores a la gerontología educativa

Esta mirada nos obliga también a ampliar la pregunta.

No se trata únicamente de preguntarnos qué actividades educativas podemos ofrecer a las personas mayores. Necesitamos pensar qué significa aprender en una sociedad longeva.

¿Qué características tendrán las personas que lleguen a edades avanzadas en las próximas décadas? ¿Qué diversidad de capacidades, conocimientos, trayectorias, intereses y necesidades encontraremos? ¿Qué metodologías necesitaremos? ¿Qué papel tendrán las tecnologías? ¿Cómo garantizaremos oportunidades para personas con diferentes niveles de capacidad? ¿Cómo favoreceremos la participación, la reciprocidad y el aprendizaje entre iguales?

Y, especialmente: ¿qué concepción de la persona y del envejecimiento estará detrás de nuestras propuestas educativas?

Ahí sitúo uno de los grandes intereses de la gerontología educativa.

No solamente en enseñar a personas mayores, sino en comprender y generar oportunidades de aprendizaje, participación y desarrollo a lo largo de una vida cada vez más larga.

Aprender forma parte del desarrollo humano durante toda la vida

Durante mi estancia con el PIAM de la Universidad de Costa Rica, una de las preguntas que atravesó diferentes encuentros fue precisamente qué queremos que suceda cuando generamos una experiencia de aprendizaje.

La respuesta no puede limitarse a «que aprendan el contenido».

Queremos generar oportunidades para que las personas puedan desarrollar capacidades, mantener o ganar independencia, tomar decisiones, construir relaciones, participar, crear, compartir, aportar, descubrir nuevos intereses y continuar construyendo proyectos.

Por eso quizá necesitemos dejar de preguntarnos únicamente:

¿Por qué es bueno que las personas mayores sigan aprendiendo?

Y empezar a formular una pregunta diferente:

¿Qué oportunidades de aprendizaje necesitamos a lo largo de toda la vida para poder seguir desarrollándonos, decidiendo, participando, relacionándonos y aportando?

La educación no debería tener una fecha de caducidad porque el desarrollo humano tampoco la tiene.

De la reflexión a mi trabajo profesional

Esta forma de entender el aprendizaje está directamente relacionada con mi trabajo en envejecimiento activo, educación gerontológica y acción comunitaria, desde el que trabajo en el diseño, desarrollo y evaluación de programas socioeducativos, metodologías participativas y oportunidades que favorezcan autonomía, participación y desarrollo a lo largo de la vida.

Pero esta mirada también dialoga con otros ámbitos de mi trabajo. Seguir desarrollándonos, tomando decisiones, manteniendo vínculos, participando y aportando no deja de ser importante cuando aparecen necesidades de apoyo o cuidados. Por eso muchas de estas cuestiones conectan también con la atención integral y centrada en la persona y con la transformación de los cuidados.

Para seguir profundizando

La gerontología educativa, la participación y el aprendizaje a lo largo de la vida forman parte de mi trayectoria profesional y de mi producción bibliográfica desde hace muchos años. En Recursos puedes encontrar libros, publicaciones y materiales en los que he desarrollado estas cuestiones y diferentes metodologías para favorecer el desarrollo personal y comunitario.

También puedes encontrar algunos de los fundamentos que sostienen esta mirada en Los fundamentos que nos guían, donde profundizo en cuestiones como autonomía, identidad, derechos, participación, calidad de vida y proyecto de vida.

Un primer recorrido que se cierra y una colección que continúa

Con este cuarto artículo se cierra el primer recorrido de «Aprender durante toda la vida», nacido de mi estancia y del trabajo compartido con el PIAM de la Universidad de Costa Rica.

Los cuatro artículos han seguido una progresión deliberada: contextualizar la experiencia y abrir la colección → preguntarnos qué queremos generar mediante el aprendizaje → observar críticamente si aquello que pretendemos está sucediendo realmente y cómo lo experimentan las personas → ampliar la mirada hacia el aprendizaje como parte del desarrollo humano durante toda la vida.

Pero la colección no termina aquí. «Aprender durante toda la vida» seguirá creciendo con nuevas reflexiones, investigación, metodologías, experiencias y recursos relacionados con la gerontología educativa, la participación y el desarrollo humano en sociedades longevas.

Porque hablar de aprendizaje a lo largo de la vida es también hablar de cómo queremos vivir, participar, relacionarnos, decidir, seguir desarrollándonos y aportar en sociedades cada vez más longevas.

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