No todo el saber procede de los libros
Hay conocimientos que aprendemos en los libros, en la universidad o a través de la experiencia profesional. Y hay otros que se construyen poco a poco en la vida cotidiana: a través de los años, de las dificultades superadas, de las personas con las que compartimos la vida y de las relaciones que van construyendo quiénes somos.
Llevo más de treinta años trabajando en el ámbito del envejecimiento activo, la participación, el aprendizaje a lo largo de la vida y los cuidados. He conocido a muchísimas personas mayores y he aprendido mucho de ellas. Sin embargo, mi gran maestra sigue siendo mi propia madre.
A sus 95 años, continúa enseñándome cosas que ningún manual puede recoger del todo: cómo afrontar los problemas con serenidad, cómo adaptarse a los cambios y a las pérdidas que no hemos elegido, cómo hacerlo sin perder el buen carácter ni esa actitud positiva, cómo seguir disfrutando de la vida y cómo mantener el deseo de aportar algo a los demás.
De ese aprendizaje compartido nace esta colección.
Una aventura compartida entre mi madre y yo
Los consejos de mi madre es el proyecto más personal que he realizado.
Nace de una relación muy estrecha, de muchas conversaciones sobre cuestiones que acompañan a la vida en la madurez y del deseo de abrir una pequeña ventana a nuestra vida cotidiana.
Durante los últimos años hemos compartido conversaciones sobre la vida, el envejecimiento, las pérdidas, las alegrías y los pequeños retos cotidianos. Al mismo tiempo, he intentado acompañarla para que pudiera seguir viviendo esta etapa de acuerdo con sus valores, haciendo todo aquello que es importante para ella, cultivando sus relaciones y manteniendo aquellas actividades y proyectos que continúan dando sentido a su vida.
De alguna manera, nuestra relación también refleja aquello que he defendido durante toda mi trayectoria profesional: que el objetivo de los cuidados no es sobreproteger ni hacer las cosas por las personas, sino crear las condiciones para que cada una pueda hacerlas tanto como sea posible y seguir viviendo la vida que desea, con alegría y dignidad.
Por eso, esta colección une dos dimensiones inseparables de mi vida: la hija y la gerontóloga. Lo que compartimos aquí nace del afecto, pero también de una determinada forma de entender el envejecimiento, los valores, los apoyos y los cuidados.
Mi madre siempre ha sido una persona muy discreta. Cuando se lo propuse, al principio le daba vergüenza y tampoco creía que fuera capaz de hablar a la cámara. Pero tardó muy poco en cambiar de opinión cuando llegó a la conclusión de que, si esto podía ayudar a otras personas, merecía la pena intentarlo.
Como dice ella: «Si esto puede ayudar a otras personas, lo hacemos». Después comprobó que no era tan difícil y que todo le salía con una enorme naturalidad.
¿Por qué compartimos estos vídeos?
No pretendemos ofrecer recetas universales ni decir cómo hay que envejecer. Cada persona tiene su propia historia, sus valores y unas circunstancias diferentes.
Lo que mi madre comparte es aquello que le ayuda a vivir bien esta etapa de su vida. A veces son tareas, actividades que procura seguir realizando; otras, relaciones que cuida con cariño; en ocasiones, pequeñas decisiones cotidianas, recuerdos, aprendizajes o maneras de afrontar las dificultades. Son cosas sencillas, pero profundamente importantes para ella y que contribuyen a mantener su autonomía, su bienestar y las ganas de seguir viviendo con ilusión.
Pensamos que su testimonio puede resultar útil a personas de cualquier edad, especialmente a quienes conviven, acompañan o trabajan con personas muy mayores.
Además, queremos transmitir un mensaje de esperanza. La promoción del bienestar y la prevención de la fragilidad —no solo física, sino también psicológica, afectiva, social y espiritual— son herramientas poderosas cuya eficacia merece la pena conocer y poner en práctica. Se construyen cada día cuidando la salud, manteniendo una vida activa, cultivando las relaciones, tomando decisiones, participando, aprendiendo, disfrutando de las pequeñas cosas y encontrando motivos para seguir adelante.
Con frecuencia hablamos de envejecimiento activo, bienestar, autonomía o calidad de vida desde perspectivas profesionales. Pero no olvidemos que detrás de todos esos conceptos hay personas concretas, historias únicas, valores, esfuerzo, coherencia personal y sentido de vida. Precisamente por eso nació esta colección.
Comprender el significado de lo que vivimos
En esta colección la voz principal es siempre la de mi madre. Ella comparte libremente aquellas vivencias, actividades, relaciones y aprendizajes que han sido importantes a lo largo de su vida y que continúan ayudándola a vivir esta etapa con sentido.
Después de cada vídeo me permitiré añadir una breve reflexión desde la gerontología. No pretende interpretar la vida de mi madre ni ofrecer respuestas universales, sino compartir algunas claves que ayuden a comprender el valor de lo que hace, de lo que cuenta y de la forma en que interpreta su propia vida.
Los hechos, por sí solos, no explican cómo vivimos ni cómo envejecemos. Lo verdaderamente importante es el significado que cada persona les dá, cómo los incorpora a su historia y cómo influyen en la manera en que se comprende a sí misma y se relaciona con los demás.
Por eso, cada reflexión se relacionará con uno o varios de los cinco bienestares que articulan esta web: bienestar físico, psicológico, social, afectivo y espiritual. No porque la vida pueda dividirse en compartimentos, sino porque estas dimensiones nos ayudan a comprender mejor la riqueza y la complejidad de cada persona.
Una misma situación puede hablarnos, al mismo tiempo, de autonomía, resiliencia, vínculos, identidad, esperanza o sentido de vida. Mi deseo es que esta colección no solo permita escuchar la voz de una mujer de 95 años, sino también descubrir cómo las actividades que elegimos mantener, las relaciones que cuidamos, las decisiones que tomamos y el significado que damos a todo ello van construyendo, poco a poco, nuestra manera de vivir, de cuidar y de envejecer con bienestar.
Escuchar es una forma de aprender
Vivimos en una sociedad en la que hablamos mucho sobre las personas mayores, pero pocas veces nos detenemos a escucharlas con calma, a comprender el sentido de sus palabras y el significado que tienen para ellas.
Escuchar es imprescindible para conocer, comprender y poder acompañar.
Mucho más que una colección de vídeos
Los consejos de mi madre nace del encuentro entre dos formas de conocimiento que han marcado mi vida.
Por un lado, la experiencia de una mujer muy mayor que sigue afrontando cada día con serenidad, gratitud, alegría, sentido del humor y deseo de seguir aportando a quienes la rodean. Por otro, mi trabajo como gerontóloga, dedicado desde hace más de treinta años a comprender qué favorece el bienestar, la calidad de vida y la dignidad durante el envejecimiento.
Esta colección quiere poner en diálogo esas dos miradas. La experiencia vivida y el conocimiento científico no son caminos opuestos; cuando se escuchan y se enriquecen mutuamente, nos ayudan a comprender mejor cómo queremos vivir, envejecer, acompañar y cuidar.
Ojalá estos pequeños consejos contribuyan a mirar a las personas muy mayores con más respeto, más interés y más esperanza. No solo por las necesidades que puedan tener, sino también por todo lo que continúan siendo, haciendo, sintiendo, pensando y aportando a los demás.
Porque cada vida encierra un conocimiento que merece ser escuchado. Y cuando aprendemos a comprender el significado de lo que las personas mayores hacen, sienten, recuerdan, deciden y comparten, también descubrimos nuevas maneras de vivir nuestro propio presente y de construir el futuro que deseamos.
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