Bienestar Afectivo. Cómo quiero, me relaciono y me siento querido

Infografía sobre bienestar afectivo: cómo queremos, nos relacionamos y nos sentimos queridos.

SABER MÁS PARA VIVIR Y CUIDAR MEJOR · 🟥  BIENESTAR AFECTIVO    

 

Esta área forma parte de la colección Saber más para vivir y cuidar mejor  y está dedicada al bienestar afectivo, una de las cinco dimensiones que contribuyen a nuestra calidad de vida y que también constituye una de sus cinco dimensiones.

 

Sentir que nuestra existencia importa para alguien

Si hay algo que he aprendido durante todos estos años es que las personas necesitamos sentirnos queridas. Lo he comprobado en contextos muy diferentes: en personas mayores, en personas con discapacidad, en quienes afrontan una enfermedad avanzada, en familias y también en profesionales que cuidan a otras personas.

Con frecuencia hablamos de la importancia de los cuidados, la autonomía o la participación, pero pocas veces nos detenemos a pensar en una necesidad profundamente humana: sentir que nuestra existencia importa para alguien.

El bienestar afectivo no es exactamente lo mismo que el bienestar social. El bienestar social se relaciona con el lugar que ocupamos en la comunidad, la participación y la posibilidad de seguir formando parte de la vida compartida. El bienestar afectivo habla de algo más íntimo: la calidad emocional de nuestros vínculos y la experiencia de sentirnos queridos, aceptados e importantes para otras personas.

Tampoco debemos confundirlo con el conjunto de nuestras emociones. La alegría, la tristeza, el miedo, la nostalgia o la esperanza atraviesan las cinco dimensiones del bienestar. Lo específico del bienestar afectivo no es experimentar siempre emociones agradables, sino poder vivir y expresar nuestras emociones dentro de relaciones que nos proporcionan seguridad, confianza, aceptación y cuidado.

El bienestar afectivo también habla de:

  • Importancia afectiva: sentir que nuestra presencia tiene un valor especial para alguien.
  • Aceptación: experimentar que podemos mostrarnos como somos sin temor al rechazo.
  • Seguridad emocional: disponer de relaciones que ofrecen confianza, estabilidad y protección.
  • Intimidad: poder compartir pensamientos, emociones, deseos y vulnerabilidades en un espacio de respeto.
  • Reciprocidad: recibir afecto, pero también poder expresarlo, cuidar y acompañar.
  • Confianza: saber que podemos contar con determinadas personas cuando las necesitamos.
  • Cuidado mutuo: poder cuidar y dejarnos cuidar sin perder nuestra identidad ni nuestra capacidad de decidir.
  • Continuidad afectiva: conservar y transformar los vínculos significativos a lo largo de la vida.

 

Las personas necesitamos sentir que alguien se alegra de nuestra presencia, percibe nuestra ausencia, conoce nuestra historia, comprende nuestras necesidades y permanece a nuestro lado cuando aparecen dificultades. Pero también necesitamos querer, cuidar, proteger y sentir que seguimos siendo importantes para quienes forman parte de nuestra vida.

A través de esta área iremos comprendiendo qué sostiene nuestro bienestar afectivo, qué circunstancias pueden debilitarlo y qué podemos hacer para protegerlo durante el envejecimiento y cuando necesitamos apoyos o cuidados.

Los contenidos están dirigidos a personas adultas y mayores, familias, personas cuidadoras, estudiantes, profesionales y, en general, a quienes deseen comprender mejor cómo el afecto y la calidad emocional de nuestros vínculos influyen en nuestra calidad de vida.

¿Qué puede comprometer nuestro bienestar afectivo?

El bienestar afectivo puede verse afectado por situaciones muy diferentes. Algunas están relacionadas con pérdidas o conflictos visibles; otras comienzan silenciosamente cuando la persona deja de sentirse querida, reconocida o emocionalmente importante para quienes la rodean.

Entre ellas se encuentran:

  • La soledad afectiva, incluso cuando existen personas alrededor.
  • La pérdida de una pareja, una amistad o cualquier otro vínculo significativo.
  • El abandono emocional y la indiferencia.
  • El rechazo o la dificultad para sentirse aceptado.
  • La ausencia de intimidad y de espacios donde expresar sentimientos y necesidades.
  • La ruptura de la confianza.
  • Las relaciones basadas en una dependencia afectiva que limita la libertad de la persona.
  • Los duelos que no encuentran reconocimiento, tiempo o apoyo suficiente.
  • El aislamiento emocional y la dificultad para pedir o recibir afecto.
  • El maltrato emocional, la desvalorización y el control.
  • La pérdida de oportunidades para expresar cariño, cuidar y sentirse útil para las personas queridas.
  • Los cuidados centrados únicamente en las tareas, sin presencia, escucha ni cercanía emocional.

 

Comprender estas situaciones permite actuar antes de que la inseguridad, la pérdida o la falta de reconocimiento deterioren los vínculos y hagan que una persona deje de sentirse querida e importante.

Recorrido de lectura sobre bienestar afectivo

Esta página funcionará como un índice actualizado. Cada nuevo artículo quedará incorporado aquí para facilitar su consulta.

Aunque los contenidos pueden leerse en el orden que se prefiera, este recorrido está pensado para avanzar desde los conceptos fundamentales hacia situaciones concretas relacionadas con los vínculos, la intimidad, el cuidado, las pérdidas y el afecto a lo largo de la vida.

1. Sentir que nuestra existencia importa para alguien

Próximamente

Qué significa experimentar que somos queridos, aceptados y emocionalmente importantes para las personas que forman parte de nuestra vida.

2. Bienestar afectivo no es lo mismo que bienestar social

Próximamente

Por qué formar parte de una comunidad y mantener relaciones sociales no garantiza, por sí solo, sentirse querido, comprendido o emocionalmente acompañado.

3. Necesitamos querer y también dejarnos querer

Próximamente

El afecto es una experiencia recíproca. Necesitamos recibir cariño, pero también expresarlo, cuidar, proteger y sentir que podemos aportar bienestar a otras personas.

4. Los vínculos que nos hacen sentir seguros

Próximamente

Cómo la confianza, la estabilidad, la aceptación y la presencia continuada permiten construir relaciones emocionalmente seguras.

5. Cuidar no consiste únicamente en hacer cosas por alguien

Próximamente

El cuidado también se expresa mediante la escucha, la ternura, el respeto, la cercanía y la capacidad de reconocer qué necesita emocionalmente cada persona.

6. La intimidad sigue siendo necesaria durante toda la vida

Próximamente

Necesitamos conservar espacios propios donde expresar emociones, compartir vulnerabilidades y vivir nuestras relaciones afectivas y sexuales con privacidad y respeto.

7. Nuestros vínculos también cambian y se transforman

Próximamente

Las relaciones evolucionan con el tiempo. Algunas desaparecen, otras se fortalecen y también pueden surgir nuevos afectos en cualquier etapa de la vida.

8. El duelo necesita tiempo, reconocimiento y compañía

Próximamente

Perder a alguien importante transforma nuestra vida afectiva. El duelo no debe apresurarse, ignorarse ni tratarse automáticamente como una enfermedad.

9. El amor, la amistad y la sexualidad no tienen edad

Próximamente

La capacidad de querer, enamorarse, construir amistades profundas, expresar deseo y disfrutar de la intimidad puede mantenerse y transformarse durante toda la vida.

10. ¿Puede un entorno de cuidados ser emocionalmente seguro?

Próximamente

Cómo las familias, los equipos profesionales y las organizaciones pueden ofrecer apoyos sin sustituir los vínculos personales ni reducir el cuidado a una sucesión de tareas.

11. El bienestar afectivo como proyecto de vida

Próximamente

Una síntesis de las principales ideas de esta serie para comprender cómo podemos cuidar y fortalecer nuestra capacidad de querer, sentirnos queridos y construir vínculos significativos.

 

Antes de comenzar

Este recorrido forma parte de Saber más para vivir y cuidar mejor, una colección de recursos para comprender el envejecimiento, el bienestar y los cuidados desde una perspectiva científica y humanista.

 

Una invitación a mirar de otra manera

Después de más de treinta años trabajando en gerontología, he conocido a personas con una gran dependencia que vivían con serenidad porque se sentían profundamente queridas. También he conocido a otras que, a pesar de recibir una atención aparentemente correcta, sufrían porque habían dejado de sentirse importantes para alguien.

Estas experiencias me han enseñado que estar bien atendido no significa necesariamente sentirse querido. Una persona puede tener cubiertas todas sus necesidades físicas, vivir rodeada de otras personas y, sin embargo, experimentar una profunda soledad afectiva.

También debemos preguntarnos si quienes reciben apoyos conservan sus vínculos personales; si disponen de intimidad; si alguien conoce sus preocupaciones y percibe sus cambios; si pueden expresar cariño, cuidar y preocuparse por otras personas; y si encuentran relaciones en las que se sienten reconocidos más allá de sus necesidades o diagnósticos.

El afecto tampoco debe utilizarse para justificar el control o la sobreprotección. Querer a una persona implica respetar sus decisiones, reconocer sus capacidades y permitir que continúe orientando su vida, incluso cuando necesita ayuda para realizar determinadas actividades.

Por eso, esta área no pretende únicamente transmitir conocimientos. También quiere ayudarnos a mirar más allá de las tareas, reconocer las necesidades afectivas y construir relaciones en las que cada persona pueda sentirse querida, aceptada y emocionalmente importante.

El bienestar afectivo consiste en vivir sabiendo que nuestra existencia importa para otras personas y que nosotros también contribuimos a dar valor y sentido a la vida de quienes queremos.

 

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