Tiene 95 años: cuando todo un pueblo canta junto | Ep. 4

Portada del episodio 4 de Los consejos de mi madre, con una mujer de 95 años cantando en una fiesta popular.

Una fiesta de verano, música en directo y personas de distintas edades cantando juntas.

En esta ocasión, mi madre, a sus 95 años, está entre el público en una de esas celebraciones populares que convierten las calles y plazas de los pueblos en lugares de encuentro.

Suena «Viento del Norte», de Nando Agüeros, una canción especialmente vinculada a Cantabria. Poco a poco, las voces del grupo y las del público se unen hasta formar un canto compartido.

Y mi madre canta con ellos.

Puede parecer una escena pequeña. Pero me hace pensar en algo que considero fundamental cuando hablamos de envejecimiento: seguir viviendo bien también significa seguir teniendo un lugar en la vida de los demás y en la comunidad de la que formamos parte.

Cuando todo un pueblo canta junto

Mujer de 95 años cantando entre el público durante una fiesta popular intergeneracional.Si deseas ver el video, pulsa la imagen

 

No está mirando la fiesta: forma parte de ella

Mi madre no está simplemente contemplando una actuación. Canta, sigue la música y participa junto a personas de diferentes generaciones.

Además, la experiencia tiene para ella un significado añadido porque conoce a algunas de las personas que están actuando. Conoce a Mery Sánchez, directora de La Fábrica de la Voz, y también a Pilar, una de las cantantes, que es amiga y compañera de su hija en otro coro.

Por eso la actuación no es algo completamente ajeno. Se entrelaza con personas conocidas, relaciones y experiencias que forman parte de su propia vida.

Y esto me parece importante: participar no es solamente estar físicamente en un lugar. También significa reconocer, ser reconocido, relacionarnos y sentir que aquello que sucede tiene alguna conexión con nosotros.

Una fiesta en la que caben todas las generaciones

Las fiestas populares tienen algo especialmente valioso: ofrecen oportunidades naturales para encontrarnos.

Niños, jóvenes, personas adultas y mayores pueden compartir un mismo espacio sin necesidad de organizar una actividad diferente para cada edad.

Personas de distintas generaciones compartiendo una fiesta popular

Esta escena muestra una forma muy sencilla de participación intergeneracional: personas con edades, historias y relaciones diferentes reunidas alrededor de una canción que muchas reconocen y sienten como propia.

Una comunidad inclusiva no es únicamente aquella que organiza actividades específicamente dirigidas a las personas mayores. También es aquella que permite que puedan seguir participando en los espacios, acontecimientos y celebraciones ordinarias de la comunidad.

Esta manera de entender el bienestar social me parece especialmente importante: no se trata solo de tener relaciones, sino también de participar, pertenecer y seguir formando parte de la vida colectiva.

Seguir teniendo un lugar en la vida

A veces, con el paso de los años, el mundo cotidiano de una persona puede ir reduciéndose.

Puede resultar más difícil desplazarse, algunos espacios dejan de ser accesibles, desaparecen relaciones, cambian las rutinas o empiezan a necesitarse apoyos para hacer cosas que antes se hacían sin ayuda.

El riesgo es que, poco a poco, la persona no solo haga menos cosas, sino que deje de sentirse parte de los lugares y relaciones que daban forma a su vida.

Por eso me interesa tanto la idea de seguir teniendo un lugar en la vida.

No significa estar permanentemente ocupado ni participar en todo. Significa poder seguir estando allí donde queremos estar, mantener vínculos significativos y sentir que continuamos perteneciendo.

No basta con estar presente: sentirse parte de lo que sucede también importa.

A veces hacen falta pequeños apoyos

Participar en la vida de la comunidad no depende únicamente de las ganas de hacerlo.

Para acudir a una fiesta, un concierto o una actividad cultural pueden ser necesarios apoyos aparentemente sencillos: acompañamiento, transporte, un recorrido accesible, un lugar donde sentarse, información comprensible, un aseo próximo o la posibilidad de retirarse cuando aparezca el cansancio.

Estos apoyos no disminuyen el valor de la participación ni la autonomía de la persona.

Al contrario: pueden ser precisamente lo que haga posible que continúe eligiendo dónde quiere estar y de qué manera desea participar.

Por eso, cuando pensamos en envejecimiento activo y acción comunitaria, no deberíamos mirar solamente lo que hacen las personas. También necesitamos preguntarnos qué oportunidades les ofrecen los entornos en los que viven.

Una canción puede ser mucho más que una canción

Hay todavía otra dimensión de esta escena que me interesa.

«Viento del Norte» no es únicamente una melodía. Para muchas personas está vinculada a un territorio, una cultura, recuerdos y experiencias compartidas.

Actuación musical durante una fiesta popular con público de distintas generaciones

La música tiene esa capacidad extraordinaria para conectarnos con momentos, personas y lugares que forman parte de nuestra historia.

Y cuando además cantamos junto a otros, la experiencia deja de ser exclusivamente individual. La emoción, la memoria, los vínculos, la participación y el sentimiento de pertenencia pueden aparecer al mismo tiempo.

Es un buen ejemplo de por qué las distintas dimensiones de nuestra calidad de vida no funcionan como compartimentos separados.

Una idea que queda

Este episodio me deja una idea muy sencilla:

Seguir participando también significa seguir perteneciendo.

Y quizá podamos preguntarnos:

¿Seguimos facilitando que las personas muy mayores estén presentes en los lugares donde transcurre la vida común?

¿Creamos comunidades en las que puedan continuar sintiéndose parte, aunque necesiten apoyos para participar?

Para seguir profundizando

Esta escena conecta especialmente con el bienestar social: las relaciones, la participación y el sentimiento de pertenencia forman parte de nuestra manera de vivir bien.

Sobre esta idea puedes leer también Seguir teniendo un lugar en la vida y Antes de sentirnos solos, dejamos de sentirnos parte de la vida.

Y si quieres comprender cómo una misma experiencia puede repercutir simultáneamente en diferentes dimensiones de nuestra vida, puedes conocer mi Modelo de los 5 bienestares.

Seguir explorando «Los consejos de mi madre»

Puedes conocer todos los episodios de Los consejos de mi madre.

También puedes leer los episodios anteriores: Hoy toca celebrar la vida | Ep. 1, 30 sentadillas y 4 kilos | Ep. 2 y Conectarse también forma parte de la clase | Ep. 3.

Y puedes continuar con ¿Qué puede ser mejor que un beso? | Ep. 5.

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