Envejecer significa seguir viviendo, creciendo y adaptándonos a nuevas circunstancias. Muchas forman parte del curso de la vida; otras aparecen como consecuencia de enfermedades, pérdidas o cambios personales, familiares y sociales.
Muchas de estas situaciones NO son enfermedades ni pueden describirse mediante un diagnóstico.
Algunas de ellas las reconocemos fácilmente como importantes: una enfermedad, una caída, la pérdida de movilidad o la necesidad de recibir ayuda para realizar determinadas actividades.
Pero otras pueden parecer menos relevantes y, sin embargo, terminar afectando profundamente a nuestra calidad de vida: dejar de conducir, perder relaciones significativas, sentir que ya no contamos para los demás, no disponer de intimidad, tener dificultades para tomar decisiones, abandonar nuestra casa o dejar de encontrar sentido a lo que hacemos.
¿Qué tienen en común situaciones aparentemente tan diferentes?
Que pueden modificar la manera en que vivimos, nos relacionamos, decidimos, participamos y damos sentido a nuestra vida.
Comprenderlo es el punto de partida de este artículo y de buena parte de los contenidos de la colección Saber más para vivir y cuidar mejor.
No vivimos los cambios por partes
Las personas no vivimos nuestro bienestar por partes.
Una pérdida de movilidad, por ejemplo, no afecta únicamente a la capacidad física. También puede modificar las relaciones, la autoestima, la participación social, la autonomía o el sentido que damos a nuestra vida.
Un duelo puede influir en el sueño, la alimentación, la motivación, la salud física o el deseo de relacionarnos.
Dejar de conducir puede suponer mucho más que renunciar al automóvil. Puede significar perder independencia, reducir los contactos sociales, depender de otras personas o sentir que el propio mundo se hace más pequeño.
Abandonar la vivienda habitual tampoco es solamente un cambio de domicilio. Puede implicar separarse de los recuerdos, las rutinas, los objetos, el vecindario y los espacios que han formado parte de nuestra identidad.
Por eso, una situación que inicialmente parece afectar a un aspecto concreto de nuestra vida puede terminar repercutiendo en muchos otros y comprometer nuestra calidad de vida.
La calidad de vida es mucho más que la salud
Cuando pensamos en aquello que puede comprometer nuestra calidad de vida, tendemos a pensar primero en la enfermedad o en la pérdida de capacidades.
Sin embargo, podemos tener una enfermedad y mantener una buena calidad de vida. Y también podemos tener una salud relativamente buena y experimentar soledad, aislamiento, pérdida de sentido, miedo, falta de participación, ausencia de intimidad o dificultades para tomar decisiones sobre nuestra propia vida.
Por eso, hablar únicamente de salud resulta insuficiente cuando queremos comprender cómo vive una persona.
Necesitamos una mirada más amplia que incorpore las diferentes dimensiones que influyen en nuestra vida y en la percepción de nuestro propio bienestar.
Estas dimensiones no funcionan de manera aislada. Se relacionan, se influyen mutuamente y, juntas, contribuyen a configurar nuestra calidad de vida.
Para profundizar en esta forma de comprender la calidad de vida:
Los Cinco Bienestares: un modelo para comprender la calidad de vida
No todas las situaciones afectan igual a todas las personas
Una misma situación puede tener consecuencias muy diferentes dependiendo de quién la vive.
Perder el permiso de conducir puede representar una dificultad relativamente pequeña para una persona que vive en una ciudad, dispone de transporte público y mantiene numerosas oportunidades de participación. Para otra persona que vive en un entorno rural, puede significar perder buena parte de su autonomía y reducir considerablemente sus relaciones y actividades cotidianas.
Lo mismo sucede con una pérdida de memoria, una caída, un duelo, una enfermedad o un cambio de vivienda.
La repercusión sobre la calidad de vida depende de muchos factores: la historia personal, los valores, las capacidades, las relaciones, el entorno, los apoyos disponibles, las oportunidades para seguir tomando decisiones y el significado que cada persona atribuye a lo que está viviendo.
Por eso no basta con identificar qué ha sucedido.
Necesitamos comprender qué significa para esa persona.
Comprender cómo lo vive la persona
Con frecuencia conocemos bien lo que sucede desde un punto de vista objetivo. Hablamos de fragilidad, dependencia, deterioro cognitivo, caídas, soledad, desnutrición o pérdida de autonomía.
Sin embargo, conocer una situación no significa necesariamente comprender cómo la está viviendo la persona.
Podemos preguntarnos:
- ¿Qué significa dejar de conducir después de toda una vida haciéndolo?
- ¿Qué supone tener que abandonar la propia casa?
- ¿Qué ocurre cuando otras personas comienzan a decidir por nosotros?
- ¿Cómo se vive empezar a necesitar ayuda para actividades que siempre hemos realizado de manera independiente?
- ¿Qué significa perder amistades, capacidades, roles o proyectos?
- ¿Qué sucede cuando sentimos que ya no se cuenta con nosotros?
Estas preguntas permiten hacer visibles experiencias que, con frecuencia, permanecen ocultas detrás de diagnósticos, necesidades asistenciales o cambios aparentemente cotidianos.
Comprender la experiencia subjetiva es tan importante como conocer la situación objetiva.
Supone pasar de preguntarnos únicamente «¿qué le ocurre?» a incorporar otra cuestión fundamental:
«¿Cómo está viviendo esta persona lo que le ocurre?»
Algunas situaciones son visibles; otras, mucho menos
Una caída se ve. Una fractura se diagnostica. Una pérdida importante de movilidad suele ser evidente.
Pero hay experiencias que pueden pasar mucho más inadvertidas.
- Sentirse una carga.
- Percibir que ya nadie pregunta nuestra opinión.
- Dejar de tener un papel significativo en la familia o en la comunidad.
- No disponer de intimidad.
- Perder relaciones importantes.
- No poder mantener determinados rituales, costumbres o formas de vida.
- Sentir que nuestra vida ha dejado de tener propósito.
Estas experiencias no siempre aparecen en una historia clínica ni se detectan mediante una prueba diagnóstica. Sin embargo, pueden tener una enorme importancia para la persona.
Por eso, esta colección pretende también hacer visible aquello que puede comprometer la calidad de vida y que no siempre sabemos observar.
¿Cuándo una situación puede comprometer nuestra calidad de vida?
No existe una respuesta única.
Una situación puede comenzar a comprometer nuestra calidad de vida cuando limita de forma significativa aquello que necesitamos o valoramos para vivir bien.
Puede ocurrir cuando afecta a nuestra capacidad para decidir, mantener relaciones significativas, participar, sentirnos seguros, conservar nuestra identidad, disponer de intimidad, desarrollar actividades importantes para nosotros o continuar teniendo proyectos y motivos para vivir.
También cuando los apoyos que recibimos no se ajustan a nuestras necesidades, preferencias o forma de vida.
Por eso, ante una determinada situación, además de preguntarnos por sus consecuencias físicas o funcionales, podemos plantearnos:
- ¿Qué está cambiando en la vida de esta persona?
- ¿Qué cosas importantes está dejando de poder hacer?
- ¿Qué relaciones, espacios, actividades o decisiones pueden verse afectadas?
- ¿Qué significado tiene para ella lo que está sucediendo?
- ¿Qué apoyos podrían reducir su impacto?
- ¿Qué podemos hacer para preservar aquello que sigue siendo importante para esa persona?
Comprender también para prevenir
Conocer estas situaciones no sirve únicamente para actuar cuando el problema ya se ha producido.
También puede ayudarnos a anticiparnos y prevenir algunas de sus consecuencias.
Comprender qué puede suceder después de una caída, una pérdida significativa, una reducción de movilidad o un cambio importante de vida permite pensar con antelación qué apoyos, relaciones, oportunidades o adaptaciones pueden ayudar a mantener la autonomía y la calidad de vida.
Y esta reflexión no interesa únicamente a quienes trabajan profesionalmente con personas mayores.
Todos estamos envejeciendo.
Conocer qué situaciones pueden generar mayor vulnerabilidad y comprender cómo nuestras relaciones, decisiones, entornos, proyectos y valores influyen en nuestra calidad de vida puede ayudarnos también a pensar cómo queremos vivir nuestro propio proceso de envejecimiento.
Comprender para actuar mejor
El propósito no es elaborar una lista cada vez más extensa de problemas asociados al envejecimiento.
Es aprender a mirar de otra manera.
Detrás de la fragilidad, el dolor, una pérdida de memoria, la soledad, un duelo o la pérdida de sentido hay siempre una persona viviendo esa experiencia de una manera particular.
Comprender qué está sucediendo, qué significado tiene para ella y qué aspectos de su vida están siendo afectados puede ayudarnos a prevenir, acompañar, decidir y cuidar mejor.
Esa es la idea que recorre esta colección:
Saber más no como un fin en sí mismo, sino para comprender mejor lo que vivimos y transformar ese conocimiento en mejores formas de vivir, acompañar y cuidar.
A partir de aquí
En los siguientes contenidos iremos abordando situaciones concretas que pueden comprometer la calidad de vida.
Cada una será analizada tratando de responder a algunas preguntas esenciales:
¿Qué sucede? ¿Por qué importa? ¿Cómo puede vivirlo la persona? ¿Qué dimensiones de su vida pueden verse afectadas? ¿Qué podemos hacer para prevenirlo, abordarlo o reducir su impacto?
A partir de estas preguntas comienza el recorrido por las diferentes situaciones de Saber más para vivir y cuidar mejor.
Para seguir profundizando
Fundamentos que nos guían
- Bienvenido a «Los fundamentos que nos guían»
- ¿Por qué necesitamos un marco conceptual para comprender el bienestar, el envejecimiento y los cuidados?
- Dignidad y derechos: el valor que nunca perdemos y cómo protegerlo.
- ¿Qué es la calidad de vida? Vivir de acuerdo con lo que valoramos
- Quién es la persona y cómo desea vivir: identidad, autonomía y proyecto de vida
- Cuidar sin sustituir: apoyos, interdependencia y atención centrada en la persona
- Conceptos para comprender el bienestar social, las relaciones y la comunidad
Otras colecciones relacionadas
- Salud holística y cuidados. Cuidar a la persona integralmente
- Bienestar social: cómo participo y formo parte de la comunidad
- Naturaleza y calidad de vida.
- Los consejos de mi madre.
- Diálogos y reflexiones de actualidad
Y leer sobre los 5 bienestares
- 🟨 BIENESTAR FÍSICO. Cómo vivo mi cuerpo
- 🟧 BIENESTAR PSICOLÓGICO. Cómo pienso, aprendo y me adapto
- 🟩 BIENESTAR SOCIAL. Cómo participo y formo parte de la comunidad
- 🟥 BIENESTAR AFECTIVO Cómo quiero, me relaciono y me siento querido
- 🟪 BIENESTAR ESPIRITUAL Y EXISTENCIAL Cómo vivir según mis valores y encontrar sentido
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