Diálogo sobre la madurez de la vida y su final. Lourdes y su madre, Magdalena.

Quiero empezar esta publicación con una declaración muy personal. Mi madre es una mujer extraordinaria. No tanto por todo lo que ha tenido que vivir y por cómo ha ido sorteando y superando tantas dificultades y tanto sufrimiento, sino, sobre todo, por esa actitud bondadosa, positiva y amable que permanece inalterable.

Esta semana, en Puigcerdà, me dijeron una de las cosas más bonitas que he oído nunca: «Comprendo por qué eres así, conociendo a tu madre». Efectivamente, lo pienso y lo siento.

Por eso me parece magnífico que sea capaz de hablar en público (algo que nunca había hecho antes) y abrir su corazón para compartir algunos retazos de su trayectoria vital y, sobre todo, cómo ha afrontado estos últimos años de su vida frente a la fragilidad, la gravedad del postoperatorio tras su caída, su delirium, la extrema vulnerabilidad durante su recuperación… Y, especialmente, cómo ha ido tomando decisiones sobre su propia vida, desmontando todos los estereotipos y prejuicios que otros han querido poner sobre ella por el simple hecho de tener 92, 93 y, dentro de unos días, 95 años.

 

Dos experiencias que nunca olvidaremos

Ha sido capaz de hablar, por primera vez en público, el pasado mes de octubre, en el Centro de Humanización de la Salud, que nos brindó la oportunidad de que mi madre se estrenara haciendo un enorme ejercicio de confianza y regalándonos una hora sus Jornadas de Cuidados Paliativos.

Y esta semana ha sido en Puigcerdà, gracias a la AUCery en el marco de la Universitat d’Estiu Ramon Llull 2026, impartimos una sesión participativa bajo el título de «Diàlegs sobre la maduresa de la vida i el seu final», organizada con el apoyo de la Fundació Hospital de Puigcerdà, donde Mont Bros Serra, una magnífica profesional y una excelente persona, tras verla en streaming el pasado mes de octubre, decidió arriesgarse e invitarnos este verano para compartir su experiencia con las personas de su comarca. Te estamos muy agradecidas.

 

Cuando una historia de vida te enseña y emociona

Fue impresionante ver cómo escuchaban y se emocionaban las personas que abarrotaban la sala de la biblioteca. Ciertamente, no estamos acostumbrados a que alguien nos desvele sus miedos más profundos y sus preocupaciones en relación con aspectos tan íntimos como el sufrimiento físico, la vivencia de la gran fragilidad y la dependencia, el momento de la muerte, o los conflictos familiares tan frecuentes en muchas familias, pero también muy ocultos, y sobre los que casi nadie habla. Pero tampoco estamos acostumbrados a escuchar cómo una persona ética y firme, con unos valores muy claros, que ha atravesado experiencias de enorme dureza y vulnerabilidad, puede seguir siendo coherente consigo misma y afrontar casi todo con alegría y gratitud cuando cuenta con personas que la quieren, apoyan y acompañan, permitiéndole decidir sobre su propia vida.

No puedo estar más agradecida a todas las entidades que han confiado en nosotras, porque para mi madre ha supuesto un auténtico chute de autoestima e identidad sentir que su testimonio ayudaba a muchas otras personas, tal y como, con enorme cariño, le manifestaron al finalizar ambas intervenciones.

Ahora retomamos la vida cotidiana. No vamos a estar todos los días «de bolos»,  pero, sin duda, esta experiencia ha sido otro acicate que nos impulsa a seguir con este proyecto, a compartir cosas juntas y a facilitar que mi madre pueda seguir siendo protagonista de su propia vida e, incluso, ayudar a otras personas con su sincero y sencillo testimonio.

Como a mí me gusta decir, todos necesitamos seguir teniendo un lugar en la vida, sentirnos personas valiosas y relevantes para los demás y esta es una forma magnífica que he encontrado para poder ofrecer a mi madre oportunidades de seguir siéndolo a pesar de los «reveses de la vida»

Nuestro próximo proyecto: Los consejos de mi madre

Pero no queremos quedarnos quietas. Nos hemos embarcado en la grabación de pequeños vídeos en los que mi madre compartirá, sencillamente, qué cosas hace ella para vivir bien esta etapa de su vida. La intención de compartir lo que a mi madre «le funciona para vivir bien»  es evidenciar cómo una persona con mucha edad puede desarrollar una vida plena, desde lo sencillo y cotidiano. Siempre desde un enfoque amplio y centrado en aquello que ella considera verdaderamente importante: cuidar a sus amigos, mantenerse fuerte y cuidar su salud, querer a los suyos, hacer cosas útiles, aprender cosas nuevas, seguir esforzándose por mantener su cabeza tan despierta como la tiene ahora, cultivar y practicar sus creencias…

Son cosas pequeñas, de su día a día, que demuestran que la felicidad suele construirse a partir de los pequeños gestos y que una buena actitud genera un retorno que merece la pena, se tenga la edad que se tenga.

 

Una nueva etapa

El día 1 de agosto mi madre cumplirá 95 años y ese día inauguramos este nuevo proyecto.

Nos hace mucha ilusión, ir grabando cositas del dia a dia, riendonos, equivocándonos y aprendiendo juntas. Que Magdalena pueda seguir contandonos y compartiendo, con sencillez y autenticidad, aquello que le funciona para ser feliz en este momento de su vida. Y como dice ella: “Si mi experiencia ayuda, a alguna persona, pues entonces ya merece la pena”

 

Desde luego, todo está relacionado con mi forma de entender la gerontología aplicada en el día a día, y también con otros proyectos y contenidos de esta página web. Te los comparto por si quieres profundizar en ellos.

→ Conoce mis áreas de trabajo y en concreto esta de envejecimiento activo, participación y educación gerontológica.  

Si no me conoces demasiado te recomiendo mi artículo Me suelto la melena. Así podrás comprender, cómo he llegado a mi visión actual, en base a mi experiencia.

Contacta y juntos descubriremos cómo podemos colaborar

 

 

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